Mostrando entradas con la etiqueta Material de Estudio 4. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Material de Estudio 4. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de septiembre de 2012

¡¡¡...BENEFICIOS DE LA PRACTICA CON DAIMOKU...!!!

El objetivo de la práctica budista es hacer emerger la condición de la budeidad y lograr el estado de felicidad absoluta, es decir, recibir el beneficio de la iluminación. No obstante, la manifestación de los beneficios varía en las épocas del Primer Día de la Ley, el Día Medio de la Ley y el Ultimo Día de la Ley.
 
Nichiren Daishonin dice al respecto:
 
“Quienes alcanzaron la iluminación en los Días Primero y Medio manifestaron la iluminación como un beneficio repentino, porque la relación que habían formado con el Buda Shakiamuni durante su existencia finalmente había madurado. Ahora, en el Ultimo Día de la Ley, la gente recibe la semilla de la budeidad por primera vez y, por lo tanto, alcanza la iluminación como un beneficio paulatino”. (Gosho Zenshu, pág. 1.277)
 
Los Beneficios de los Días Primero y Medio de la Ley Fueron Repentinos
 
Como lo señala el párrafo anterior, la gente de los Días Primero y Medio de la Ley son personas cuya relación con el Buda había madurada, dado que la semilla de la budeidad la tenían ya sembrada desde el pasado y, en los días del Buda Shakiamuni, escucharon sus enseñanzas y practicaron los ejercicios budistas. Por tanto, al practicar las enseñanzas de Shakiamuni en los Días Primero y Medio de la Ley, pudieron manifestar en seguida los beneficios de la iluminación. A esto se le denomina “beneficio repentino”. En una comparación con las plantas y los árboles, la gente de los Días Primero y Medio de la Ley son como las plantas que ya tienen raíces y cierto grado de maduración. El beneficio repentino corresponde al florecimiento y la fructificación que dan esas plantas.
 
En cambio, la gente del Último Día de la Ley no ha tenido conocimiento de las enseñanzas del Buda y no tiene sembrada la semilla de la budeidad. Por consiguiente, se tiene que sembrar la semilla de la budeidad llamada Nam-Miojo-Rengue-Kio y, como dice el párrafo citado, se “recibe la semilla de la budeidad por primera vez”. Tal como una semilla sembrada en la tierra va extendiendo sus raíces, la semilla sembrada en la vida va extendiendo sus raíces y desarrollándose. A esto se le llama “beneficio paulatino”. El Budismo de Nichiren Daishonin es el budismo de la siembra porque “siembra” la semilla fundamental que es el Nam-Miojo-Rengue-Kio en la vida de las personas y, por consiguiente, su beneficio se manifiesta a través de toda la vida.
 
Como dice Nichiren Daishonin:
 
Todos los devotos del Sutra del Loto, si practican tal como enseña el Buda, sin excepción, alcanzarán la iluminación en esta existencia. Por ejemplo, cuando se siembra arroz en la primavera o en el verano, a pesar de que existe una diferencia entre el arroz precoz y el tardío, de todas maneras se cosechan ambos dentro del año. Del mismo modo, los devotos del Sutra del Loto, aunque existan tres grupos de varias capacidades, de todas maneras alcanzarán la iluminación en esta existencia. (Ibid., pág. 416).
 
Toda persona, sin excepción, si abraza el Gojonzon y se esfuerza sinceramente en la práctica de Yiguio Keta (para uno y para los demás), puede alcanzar la budeidad en esta existencia. A esto se le denomina el logro de la budeidad en la existencia actual. Naturalmente, el logro de la budeidad no significa la transformación en una persona especial, totalmente diferente, o que después de la muerte vaya a ir a, o vaya a nacer en, una “tierra pura”, fuera de este mundo real.
 
Como dice Nichiren Daishonin:
 
Las flores de cerezo, de ciruelo, de durazno y de damasco tienen todas sus propias cualidades y manifiestan las tres propiedades de la vida del Buda Original, sin cambiar su propio carácter. (Ibid., pág. 784)
 
La iluminación, o el logro de la budeidad, significa hacer florecer las propiedades individuales. Como lo señala el principio de que el mundo Saja es igual a la Tierra de la Luz Eternamente Apacible, la iluminación significa construir un estado absoluto que no se deje influenciar y no pueda ser destruido por nada en este mundo real.
 
Los 11 beneficios de la práctica budista son:
 
1- Sabiduría: Es la condición de vida que determina como uno deriva valor de sus conocimientos.
 
2- Comprensión de la eternidad de la vida o la Ley de Causa y Efecto
 
3- Persistencia y tolerancia.
 
4- Serenidad: Un estado en el cual la mente no divaga y además aprendemos a lidiar con nuestras circunstancias y la disfrutamos por lo que son.
 
5- Buenos alrededores: Quiere decir que las influencias o personas negativas se evaporan de nuestras vidas.
 
6- Reconocimiento de la esencia o principio primordial: Que consiste en reconocer la verdad de todos los fenómenos de la vida, desarrollar una correcta visión de la realidad y disminuir el miedo a la muerte.
 
7- Mejoramiento del temperamento.
 
8- Misericordia.
 
9- Comprensión de la verdad: Este Budismo es una filosofía de la vida práctica, concreta y clara y así nos convertimos en personas con mentes prácticas, concretas y claras.
 
10- Fuerza de propósito: que es una condición de vida que no puede se derribada ni siquiera por desafíos o dificultades aparentemente imposibles de superar.
 
11- Iluminación: la condición de felicidad absoluta donde cada instante es apreciado y disfrutado.
 
Nota: El más valioso cambio que se obtiene con esta práctica es el aumento del control que desarrollamos sobre nuestro destino, volviéndonos dueños del mismo y esto nos da la medida de cuanto disfrutamos de la vida.
 
Podemos vencer cualquier obstáculo con la fuerza vital y la sabiduría que emergen dentro de nosotros al entonar:
 
NAM – MYOHO – RENGUE – KYO
NAM – MYOHO – RENGUE – KYO
NAM – MYOHO – RENGUE – KYO

domingo, 23 de septiembre de 2012

¡¡¡...BENEFICIOS DE LA MEDITACIÓN...!!!

Si practicamos de este modo con paciencia, nuestras distracciones irán disminuyendo y experimentaremos una sensación de serenidad y relajación.
 
Nuestra mente se volverá lúcida y espaciosa, y nos sentiremos restablecidos. Cuando el mar está encrespado, el sedimento del fondo se agita y el agua se enturbia; pero cuando el viento cesa, el lodo se deposita en el fondo de manera gradual y el agua se vuelve transparente.
 
Del mismo modo, cuando por medio de la concentración en la respiración logramos calmar el flujo incesante de las distracciones, nuestra mente se vuelve lúcida y clara. Entonces, intentamos permanecer en ese estado de calma mental durante un tiempo.
 
Aunque este ejercicio de respiración no es más que una etapa preliminar de la meditación, resulta muy eficaz. Esta práctica es una prueba de que podemos experimentar paz interior y satisfacción con sólo controlar la mente, sin tener que depender de las condiciones externas.
 
Cuando la turbulencia de las distracciones disminuye y nuestra mente se calma, surge de forma natural un sentimiento profundo de felicidad y satisfacción que nos ayuda a resolver los problemas de la vida diaria.
 
La mayoría de las dificultades y las tensiones que sufrimos tienen su origen en la mente y muchos de nuestros problemas, como la mala salud, son provocados o agravados por el estrés. Si practicamos la meditación en la respiración durante diez o quince minutos al día, podremos reducir nuestro estrés.
 
Entonces, experimentaremos una gran sensación de tranquilidad y bienestar, y nuestros problemas se desvanecerán.
 
Sabremos manejar mejor las situaciones difíciles, nos sentiremos más cerca de los demás, seremos más atentos con ellos y nuestras relaciones mejorarán.
 
A continuación la descripción de los siguientes beneficios:

1.- Relajación Física.
2.- Más Consciencia Sobre los Procesos del Pensamiento.
3.- Tranquilidad Creciente y Capacidad para Superar el Estrés.
4.- Desarrollo de la Consciencia.
5.- Fomento de la Autocomprensión.
6.- Desarrollo del Pensamiento Creativo.
7.- Desarrollo de la Memoria.
8.- Desarrollo del Pensamiento Creativo.

Relajación Física.
 
La meditación implica un permitir, un dejar pasar, una capacidad progresiva para renunciar a la tensión física y mental. Pero también lleva implícita una relación especialmente benéfica, que se traduce en una plena atención, un estar alerta que garantiza que cada cuerpo utiliza la cantidad de energía estrictamente necesaria no sólo para que permanezca sentado y con la espalda erguida, sino también para que realice, sin dificultades, las tareas físicas diarias. Dicho en otras palabras, la meditación reeduca el cuerpo, eliminando los malos hábitos de la tensión física y los sobreesfuerzos innecesarios que solemos asumir desde una etapa excesivamente temprana de la vida, además de procurar una mayor consciencia corporal. En efecto, el meditador está en armonía con su cuerpo, hasta el punto de percibir la tensión y relajarla.
 
Más Consciencia Sobre los Procesos del Pensamiento.
 
Eso no significa que el meditador pueda ni deba interrumpir a su antojo, los pensamientos o ideas indeseables, sino que gracias a la fuerza de la atención los pensamientos no pueden dominar su mente. La persona es consciente de sus pensamientos, pero sin estar atado a ellos. De este modo, las ideas ingratas no consiguen preocupar, inquietar o perturbar tanto la mente del meditador.
 
Tranquilidad Creciente y Capacidad para Superar el Estrés.
 
Al igual que los pensamientos dejan de tener poder para dominar al meditador, lo mismo sucede con las emociones. La persona puede sentir tristeza o enfado, pero tal y como sucede con las ideas, esas emociones se mantienen a una considerable distancia del meditador, el cual, a pesar de ellas, experimenta una poderosa sensación de paz y tranquilidad interior.
 
Desarrollo de la Consciencia.
 
La consciencia consiste en la capacidad para darse cuenta de lo que sucede a nuestro alrededor, y de desviar la atención de una cosa a otra tan pronto como hace su aparición, en lugar de distraerse con los pensamientos y diálogos interiores de cada día, como si estuviésemos soñando despiertos.
 
Fomento de la Autocomprensión.
 
Si nos preguntaran si nos conocemos a nosotros mismos, generalmente responderíamos que sí. Pero, en realidad, la mayoría de nosotros somos unos perfectos extraños en nuestra propia mente. Tendemos a vivir en la superficie de nuestra vida interior, y sólo tenemos presente los pensamientos superficiales, ignorando lo que pasa en los niveles más profundos del inconsciente. Incluso pasamos por alto de dónde derivan nuestras ideas o cuáles son sus orígenes.
 
Desarrollo del Pensamiento Creativo.
 
La creatividad implica acceder o abrirse a los niveles inconscientes de la mente, donde nacen los pensamientos originales. Cuanto más sosegada esté la mente consciente, más capaces seremos de alcanzar dichos niveles.
 
Desarrollo de la Memoria.
 
Una buena parte de nuestro olvido se debe a nuestra incapacidad para concentrarnos en lo que sucede en el entorno, y, en consecuencia, para almacenarlo en nuestros bancos de memoria. En gran parte se debe a la interferencia de la mente consciente, sobre todo cuando estamos preocupados o ansiosos, como por ejemplo, antes de hacer un examen. La meditación ayuda a apaciguar estas emociones inhibidoras y nos permite recordar las cosas en el momento necesario. El ejercicio y desarrollo de la consciencia también contribuye a potenciar la memoria. En este sentido, no conseguiremos recordar las cosas con regularidad a menos que seamos plenamente conscientes de ellas. Con frecuencia, acusamos a los niños de "estar en las nubes" o de olvidar cosas que para nosotros son importantes. Pues bien, el problema consiste (por lo menos parcialmente) en que pasamos tanto tiempo diciéndoles que piensen, que cerramos una buena parte de su consciencia del mundo exterior.
 
Fomento del Desarrollo Espiritual.
 
No hace falta ser religioso o estar interesado en la religión para reconocer el valor intrínseco de la meditación, a pesar de que, en muchas de las tradiciones religiosas del mundo, ésta es inseparable del desarrollo espiritual. Por el momento, no es necesario añadir nada más sobre esta cuestión, salvo que para todos los practicantes, cualesquiera que sean sus creencias religiosas, la meditación les puede ofrecer una nueva forma de ver el mundo, una vía en la que la interdependencia de todas las cosas se transforma en una experiencia vívida, y en la que los sentimientos de compasión y de amor hacia el prójimo se convierte en una parte integral de la visión del entorno.
 
Además de estos beneficios psicológicos y espirituales, la meditación también es provechosa en términos de salud. Aunque varía de una persona a otra, en general se puede incluir el descenso de la tensión arterial, el descenso del ritmo cardíaco y otros muchos beneficios psicológicos derivados de la relajación y del descenso de los niveles de estrés.
 
Estos beneficios no sólo actúan durante la práctica concreta de la meditación, sino que se extienden a la vida diaria. Habitualmente, los meditadores se sienten más tranquilos y menos propensos a la ansiedad y a las emociones negativas, así como más capacitados para afrontar los desafíos y las tensiones propias de la vida. Por otro lado, al tener en orden sus ideas en la mente gracias a las prácticas de meditación que han realizado antes de ejecutar cualquier tarea que exige un esfuerzo agotador, muchas veces son capaces de hacerla de un modo más satisfactorio y con menos presión.
 
La meditación no es algo que sólo se pueda hacer sentado en un almohadón con las piernas cruzadas, sino que también se puede meditar de pie, tumbado o sentado en una silla. El estado mental es mucho más importante que la posición del cuerpo, aunque estar sentado con la espalda recta ayuda a ejercer la atención y la atención constituye una parte fundamental de la meditación. Por otra parte, la meditación tampoco es algo que sólo se pueda realizar en el silencio y la intimidad del dormitorio. En realidad, se puede meditar prácticamente en cualquier parte (en un tren, esperando el autobús, antes de asistir a una reunión o a una entrevista, etc.) y en cualquier momento del día.
 
A diferencia de muchos adultos, los niños no suelen sufrir de tensión arterial alta o trastornos cardíacos, aunque es probable que las semillas de éstas y de muchas otras enfermedades típicas de los adultos se gesten durante la infancia. Cuanto más ayudemos a los niños a estar en paz con su propio cuerpo, más posibilidades tendremos de estar ayudándoles a evitar esas letales patologías en el futuro.

¡¡¡...TU FE EMCENDIDA...!!!

Solemos asociar la FE a cuestiones religiosas o supremas.
 
La asociamos a una relación de convivencia con algo externo que activa una condición propia de la mente humana y que logra trascender toda lógica y comprensión.
 
Es común escuchar a personas decir; tengo FE en tal cosa o tengo FE en que sucederá tal cosa e, incluso, tienen FE en una creencia en particular. También escuchamos a personas decir; me tengo FE para lograr tal asunto.
 
¿Pero qué tanto sabemos sobre la FE? ¿Qué tipo de estímulo es la FE? ¿Cuál es su potencial? ¿Se activa o aparece a causa de factores externos? ¿Proviene de nuestra mente o es una mezcla de condiciones internas y externas? ¿Cuál es la diferencia entre FE, sugestión y creencia?
 
Lo cierto es que poco se ha estudiado la FE como PODER. Y poco se ha informado a las masas de la FE como poder. Es decir, no se suele instruir a las personas sobre el uso de la FE como FE sin necesidad de creencia.
 
En Budismo, FE, sería algo así como la NO DUDA y, curiosamente se fortalece a través de la duda o la necesidad de la experiencia, la observación y la comprobación. Tantas veces como sea necesario.
 
Pero la FE no es propiedad del pensamiento religioso, político, económico e incluso de ningún Dios. Tanto es así, que en las religiones teístas, los fieles se alejan de Dios cuando pierden su FE.
 
Así que podemos decir sin temor al error, que la FE es una condición inherente al ser humano existan o no existan instituciones o Dioses algunos.
 
La Ignorancia fundamental -que es uno de los venenos que agobian al ser humano- impide que el grueso de la población conozca la FE desde esta perspectiva y, sólo unos pocos la utilizan a plena consciencia y otros la explotan a favor de su EGO manipulando la oscuridad de las masas.
 
Pero para nuestra fortuna, todos los humanos estamos provistos de FE (y tal vez las otras especias también) La FE es eso que no nos deja DUDAR al tomar una decisión en una situación comprometida, que sabemos podemos manejar, producto de nuestra destreza, conocimiento y experiencia. Tanto es así, que muchas veces conocemos los riesgos de la toma de esas decisiones difíciles, pero es tanta la confianza que tenemos en nuestra FE, que somos capaces de solucionar cualquier inconveniente que se presente en ese momento. Lo experimentamos en el trabajo, con asuntos en la familia, en la vida cotidiana, etc.
 
¿Entonces por qué en algunas ocasiones solemos perder la FE en cuestiones “más trascendentes” como lo es la Religión, Política, Economía, Educación, Filosofía, etc.?
 
¿Es FE (NO DUDA comprobable) lo que depositamos en estos otros ámbitos? ¿o es una mera actitud supersticiosa o una creencia conveniente que pierde vigencia al cambiar algunas circunstancias?
 
Muchas personas dicen “perder la FE” en alguna creencia por tal o cual causa o suceso, pero en realidad no han perdido la FE, simplemente la apagaron. Apagaron el swicht de la FE en... Y eso sucede porque no perciben que la FE es producida por él y no por la institución o la circunstancia en donde la estaba potenciando hasta ese momento.
 
Este juego, bastante riesgoso e inconciente, es tremendamente dañino para la mente humana. Desconocer que la FE es una propiedad personal y que se puede mantener activa permanentemente por la FE misma, es lo que esclaviza a muchas personas a una necesidad de arraigo institucional.
 
Saltar de una institución a otra para buscar la FE, es desconocer lo que es la FE.
 
FE es NO DUDA, FE es un puente a lo desconocido a todo riesgo.
 
El Buda nos dice que cuando un hombre ha tomado la determinación de iluminarse, ni un Dios puede impedirlo.
 
Así que, si al meditar y tranquilizar nuestra mente, logramos analizar este aspecto de nuestra mente, estaremos frente a una fuente de energía mental tan potente como lo describe el Buda y otros maestros. La FE es PODER humano. No hace falta tener alguna creencia específica, Sólo hace falta saber que la fuente del poder de la FE eres tú mismo. Medita, tranquiliza tu mente, despierta a esta realidad y úsala para logar tu felicidad y el Despertar.
 
Por último, es importante destacar lo poco que sabemos realmente sobre este poder inherente al humano. Que lejos de desarrollarse para bien nuestro, nos oprime producto de la FE en el miedo heredado. Todos conocemos la FE, todos la experimentamos alguna vez en la vida en algún ámbito. La FE es algo tan patente como la Vida misma, pero al igual que ésta, poco sabemos sobre ella aunque esté alojada en nuestra propia mente.
 
Creo que es una tarea pendiente de la humanidad, descubrir más sobre este poder humano; un poder que hemos estado utilizando hasta el momento en forma muy primitiva.
 
No bajes el swicht, no juegues con eso, puedes quedarte sin LUZ para el resto de tu existencia.

¡¡¡...EL VERDADERO SENTIDO DE LA COMPACIÓN...!!!

En 1986, en el valle de Katmandú, escuché el siguiente relato de voz de su autora Joanna Macy, quien por muchos años residiera en una comunidad de refugiados tibetanos en el norte de la India, bajo la supervisión espiritual de Khamtrul Rinpoche, uno de los más grandes lamas de la tradición Nyingma o antigua del Budismo Tibetano. En el encuentro, una profunda enseñanza de suprema sencillez, que pienso comunica la esencia del Budismo Tibetano.
 
“Era una de las muchas horas del té que compartía con Khamtrul Rimpoché, la cabeza de una comunidad de refugiados de Kham (este del Tibet) que residía en Dalhousy, India. Junto con dos tulkus menores o lamas encarnados, hacíamos planes para la construcción de un centro de producción artesanal.
 
Como de costumbre, Khamtrul Rimpoché tenía un lienzo estirado a su lado, en el cual, con amable ecuanimidad, pintaba mientras bebíamos nuestro té y charlábamos. Su cara enorme, redonda, y alegre, exudaba una confianza serena en torno al eventual éxito de nuestros proyectos.
 
Yo, como de costumbre, estaba atrapada en la urgencia de desarrollar nuestros planes para la organización de la cooperativa artesanal y las múltiples solicitudes de subsidio que mandábamos al gobierno Indio y a muchas otras organizaciones. No podía saber entonces, que este esfuerzo resultaría finalmente en el asentamiento monástico de Tashi Jong, donde unos años más tarde, en tierras adquiridas en el Valle de Kangra en las estribaciones del Himalaya, una comunidad de más de 400 monjes y laicos khampas tibetanos, asentarían sus raíces en el exilio.
 
En esta tarde particular, una mosca cayó en mi té. Eso era por supuesto, algo sin importancia. Después de un año en la India, me consideraba inmune a la omnipresencia de los insectos, hormigas en mi azucarera, arañas en la alacena, e incluso por la mañana alacranes en mis zapatos. Sin embargo, al levantar mi taza, he debido haber revelado, por mi expresión facial o un pequeño sonido, la presencia de la mosca. Choegyal Rinpoché, el tulku de dieciocho años de edad que se convertiría en mi amigo de toda la vida, se inclinó hacia adelante con simpatía y preocupación. “¿Qué pasa?” “Oh, nada”, dije “no es más que una mosca en mi té” Me reí un poco para comunicar mi aceptación y compostura. No quería que pensara que unos simples insectos eran un problema para mí; después de todo, yo era ya una occidental acostumbrada a la India, relativamente libre de fobias y apegos a la salubridad moderna.
 
Choegyal canturreó suavemente, aparentemente en conmiseración con mi apuro, “Oh, oh, una mosca en el té”. “No hay problema”, reiteré, sonriendo en forma reconfortante. Pero él siguió mostrando una gran preocupación en mi taza. Se levantó de su silla, se inclinó e introdujo su dedo en mi té. Con mucho cuidado sacó a la mosca ofensora y salió del cuarto apresurado. Se reanudó la conversación en la mesa. Estaba ansiosa por conseguir la confirmación de Khamtrul Rimpoché en torno a los planes para asegurarnos de lana tibetana de gran altitud, indispensable para nuestra producción tradicional de alfombras.
 
Cuando Choeyal Rinpoché regresó a la casa de campo, se encontraba radiante. “Va a estar bien”, me dijo en voz baja. Me explicó cómo había colocado a la mosca en la hoja de una rama de un arbusto cercano a la puerta, donde sus alas podrían secarse. Y la mosca estaba todavía viva, porque había comenzado a desplegar sus alas, y seguramente alzaría pronto su vuelo.
 
Eso es lo que recuerdo de esa tarde –no los acuerdos a los que llegamos o los planes que hicimos, sino el informe de Choegyal en torno al hecho de que la mosca viviría. Y recuerdo, también, la risa en mi corazón. No podría, con toda justicia, compartir todas las dimensiones de la compasión de Choegyal, pero el placer en su cara revelaba cuánto me estaba perdiendo, al no extender mi preocupación personal hacia todos los seres, incluyendo las moscas. A su vez, la mera noción de que tal cosa fuera posible me llenó de deleite ilimitado.
 
Mi siguiente lección ese verano también ocurrió de un modo casual, de paso. Para ayudar a los tibetanos, quería contar su historia al mundo, una historia que yo justamente comenzaba a descubrir. Tenía fotos impresionantes de los tibetanos en el exilio, de sus caras y artesanías, y los majestuosos bailes de los lamas ataviados en sus vestimentas rituales. Concebí un artículo ilustrado para una publicación popular, como el National Geographic; pero para atrapar la simpatía de los occidentales y lograr su apoyo, ese artículo, creía, debería incluir los horrores de los cuales estos refugiados habían escapado. No obstante, las historias de inhumanidad abrumadora y de torturas aplicadas a los tibetanos por parte de los invasores chinos, me habían llegado tan sólo en forma periférica, en arrebatos, por parte de laicos y de otros occidentales. Por lo general, los grandes lamas eran renuentes a describir o abordar estas historias.
 
Presenté mi argumento a Choegyal Rinpoché, el más accesible de los jóvenes tulkus. Él contaba con trece años de edad cuando los chinos invadieron su monasterio, y guardaba sus propios recuerdos de lo que los soldados le habían hecho a sus monjes y lamas. En aquel entonces, yo contaba con una curiosidad malsana con respecto a esos espantosos relatos, quizás desarrollada en mi infancia por el periodismo amarillista de los suplementos dominicales de Nueva York y por las películas de horror sobre antiguas torturas chinas. Sin embargo, sabía que tales historias llamarían la atención de los lectores occidentales y propiciarían el apoyo a la causa tibetana,
 
Sólo cuando pude convencer a Choegyal que el compartir estos recuerdos con el público occidental, ayudaría a la lucha de los refugiados tibetanos, él comenzó a revelar algunos de los pormenores de lo que antes de su huida del Tibet, había visto y sufrido de mano de los invasores chinos. Las historias salieron en pedazos, durante conversaciones, cuando hacíamos una pausa fuera del nuevo centro artesanal de producción o caminábamos hacia el monasterio provisional. Sólo entonces divulgó algunos de los detalles de lo que había ocurrido. Muchos de estos, como las formas de intimidación, coerción y la tortura utilizada, han llegado a ser hoy en día, más de medio siglo más tarde, del dominio público.
 
Curiosamente, la lección que aprendí, y que quedará por siempre conmigo, no gira entorno a la ya conocida infinita capacidad humana para la crueldad. Por el contrario, estábamos parados con Choegyal bajo un árbol de rododendro, la luz del sol titilando en su cara a través de las hojas y de las flores del color de su hábito. Justamente acababa de decirme lo que quizás era su recuerdo más doloroso –lo que los militares chinos habían hecho a sus monjes en el gran salón de oración, mientras sus maestros lo escondían en la falda de una montaña cercana al monasterio. Me quedé sin aliento sobrecogida y respiré fuerte para contener la tristeza y el enojo que me embargaba. Luego me detuve por la mirada que me dirigió, con ojos brillantes de lágrimas no derramadas.
 
“Pobres chinos”, murmuró.
 
Con un estremecimiento de reconocimiento, me di cuenta que las lágrimas en sus ojos no se derramaban por sí mismo o por sus monjes o por el que fue el gran monasterio de Dugu en la tierra de Kham en Tibet Occidental. Esas lágrimas eran para los propios destructores.
 
“Pobres chinos”, dijo, “no se dan cuenta de lo que hacen. Todas sus acciones tendrán reacciones. Solo se dañan a si mismos”.
 
No puedo emular el alcance de esa compasión, pero la he visto, la he reconocido. Ahora se que su expresión está dentro de nuestra capacidad humana. Y eso cambia para mí permanentemente la cara de la vida.

¡¡¡...CONÓCETE A TI MISMO...!!!

Preparar el terreno para desarrollar una visión penetrante
 
Al inicio de la práctica, sé entusiasta como un ciervo atrapado en una jaula de la que desea escapar.
 
A medio camino sé como un agricultor durante una cosecha que no puede esperar.
 
Al final sé como el pastor que ha traído el rebaño de vuelta a casa.
 
—Paltrul Rinpoche, Palabras sagradas
 
¿Qué es lo que provoca tantos problemas en el mundo? Nuestras propias emociones contraproducentes. Una vez generadas, nos perjudican no solo a un nivel superficial sino también en profundidad. Las emociones dañinas no producen más que problemas de principio a fin. Si intentáramos contrarrestar cada una de ellas individualmente, nos veríamos inmersos en una lucha interminable. Así pues, ¿cuál es la causa fundamental de las emociones dañinas y cómo podemos abordarla más provechosamente?
 
En las muchas escrituras de Buda encontramos descripciones de prácticas destinadas a contrarrestar el deseo, como por ejemplo meditar sobre lo que yace bajo la piel: carne, huesos, órganos, sangre, desechos sólidos y orina. Tales reflexiones sofocan temporalmente el deseo, pero no hacen lo mismo con el odio. Y lo mismo sucede a la inversa: las prácticas destinadas a debilitar el odio, como cultivar el amor, no curan el deseo.
 
Estas prácticas, como las medicinas empleadas para contrarrestar una enfermedad específica, no tratan otras enfermedades. Sin embargo, dado que todas las emociones contraproducentes se basan en el desconocimiento de la verdadera naturaleza de las cosas, las prácticas que enseñan cómo superar esa ignorancia permiten debilitar todas las emociones nocivas. El antídoto contra la ignorancia es eficaz para todos los problemas. He ahí el extraordinario poder de la visión penetrante.
 
Para desarrollar una visión penetrante de la verdadera naturaleza de todo lo que existe —nosotros, los demás y las cosas—, es preciso estudiar primero detenidamente las enseñanzas espirituales y pensar en ellas una y otra vez. Esto es fundamental, ya que es imposible generar un estado que nos permita penetrar en la realidad si no corregimos antes nuestras ideas erróneas sobre la existencia.
 
Reconocer la Ignorancia
 
Para poder desarrollar una visión penetrante primero hay que reconocer la ignorancia. La ignorancia, en este contexto, no es solo la falta de conocimiento, sino la percepción equivocada de la naturaleza de las cosas. Dicha percepción da por hecho, erróneamente, que las personas y las cosas existen en sí mismas y por sí mismas, por su propia naturaleza. No es un concepto fácil de asimilar, pero es sumamente importante reconocer lo erróneo de esta percepción, pues es la fuente de emociones destructivas como el deseo y el odio.
 
En el budismo se suele hablar de la vacuidad, pero es imposible comprender esta sin ver primero que la existencia intrínseca que atribuimos a las cosas es errónea. Es preciso reconocer —al menos de forma aproximada— qué es lo que atribuimos equivocadamente a los fenómenos, antes de poder comprender la vacuidad que hay en su lugar. Ese es el principal tema de este libro: comprender cómo existimos realmente, cómo somos realmente sin el revestimiento de la falsa imaginación.
 
Las muchas enseñanzas de Buda tienen como objetivo la liberación de la existencia cíclica —con su incesante paso de una vida a otra— y la consecución de la omnisciencia. La ignorancia es la causa de cuanto se interpone en el camino hacia esos logros. La ignorancia nos ata al sufrimiento, de modo que es preciso reconocerla claramente. Para ello debemos considerar cómo aparece en la mente esta falsa cualidad de existencia intrínseca, cómo la mente la acepta y cómo basa tantas de sus ideas en este error fundamental.
 
La ignorancia no es solo diferente del conocimiento, sino lo opuesto al conocimiento. Los científicos dicen que cuanto más de cerca examinamos las cosas, más probabilidades hay de que encontremos un espacio vacío. Al depender de las apariencias, la ignorancia atribuye a las personas y las cosas una concreción que, en realidad, no tienen. La ignorancia quiere hacernos creer que estos fenómenos existen por sí mismos, y guiados por ella nos parece que lo que vemos a nuestro alrededor existe de manera independiente, sin depender de otros factores, pero no es así. Al dar a las personas y las cosas que nos rodean esa posición exagerada, nos vemos arrastrados hacia toda clase de emociones desaforadas y, a la larga, dañinas.
 
Reconocer esta falsa apariencia de las cosas y reconocer nuestra tácita aceptación de esta ilusión es el primer paso para comprender que nosotros y el resto de los seres, así como los objetos, no existimos como parece, no existimos de forma tan concreta y autónoma. El proceso de llegar a evaluar con exactitud lo que somos realmente requiere que nos percatemos de la discrepancia entre cómo aparecemos en nuestra mente y cómo existimos en realidad. Y lo mismo en el caso de las demás personas y los demás fenómenos del mundo.
 
REFLEXIÓN MEDITATIVA
 
Considera lo siguiente:
 
Todas las emociones contraproducentes se basan en la ignorancia de la verdadera naturaleza de las personas y las cosas.
 
Hay formas concretas de inhibir temporalmente el deseo y el odio, pero si debilitamos la ignorancia que percibe de forma errónea nuestra naturaleza, la de los demás y la de todas las cosas, todas las emociones destructivas se debilitarán.
 
La ignorancia considera que los fenómenos —que en realidad no existen en sí mismos ni por sí mismos— existen independientemente del pensamiento.
 
Descubrir la fuente de los problemas
 
Atraída por la luz y el calor, la palomilla vuela hacia la llama. Sorprendido por el sonido de una guitarra, el ciervo no repara en el cazador. Seducido por el olor de una flor, el bicho queda atrapado en su interior. Apegado al sabor, el pez se precipita hacia el anzuelo. Impulsado al fango, el elefante no puede escapar.
 
—Paltrul Rinpoché, Palabras sagradas
 
Nuestros sentidos contribuyen a aumentar nuestra ignorancia. Para la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto los objetos parecen existir por sí mismos. Al recibir esta información distorsionada, la mente aprueba esta categoría exagerada de las cosas. Los budistas llaman «ignorante» a esta mente por aceptar esa falsa apariencia en lugar de rechazarla. La mente ignorante no se pregunta si las apariencias son correctas o no; sencillamente acepta que las cosas son como parecen.
 
A renglón seguido, aceptamos la realidad aparente de la naturaleza concreta de los objetos pensando: «Si esto no es real, ¿qué lo es?». De ese modo, nuestra percepción errónea e ignorante se afianza. Por ejemplo, cuando tropezamos por primera vez con algo o alguien agradable, reparamos brevemente en el objeto, limitándonos a reconocer su presencia. La mente, en esta fase, es bastante neutral. No obstante, cuando las circunstancias nos instan a prestar mayor atención al objeto, parece que su atractivo sea parte integral del objeto. Cuando la mente acepta el objeto de ese modo —pensando que existe tal como aparece— puede surgir el deseo por el objeto y el odio por aquello que obstaculiza su obtención.
 
Cuando nuestro propio ser está implicado, reforzamos esa conexión: ahora es «mi cuerpo», «mis cosas», «mis amigos» o «mi coche». Exageramos el atractivo del objeto, minimizando sus defectos y desventajas, y nos apegamos a él como fuente de placer, de manera que nos vemos arrastrados hacia el deseo como si nos tiraran de una anilla en la nariz.
 
También puede darse el caso de que exageremos la fealdad del objeto, convirtiendo algo sin importancia en un gran defecto y pasando por alto los aspectos positivos, de manera que ahora vemos el objeto como algo que obstaculiza nuestro placer, lo cual nos arrastra hacia el odio, de nuevo como si tiraran de nosotros por una anilla en la nariz. Incluso cuando el objeto no parece ni agradable ni desagradable sino algo intermedio, la ignorancia sigue prevaleciendo, si bien en este caso no genera deseo ni odio. Como dice el yogui y erudito Nagarjuna en sus Sesenta razonamientos:
 
¿Cómo no van a surgir grandes emociones perniciosas en aquellos cuya mente se fundamenta en la existencia intrínseca? Hasta cuando el objeto es corriente, la serpiente de las emociones destructivas les oprime la mente.
 
Las concepciones burdas del «yo» y lo «mío» provocan emociones destructivas aún más burdas, como la arrogancia y la agresividad, lo que genera problemas al que las experimenta, a su comunidad e incluso a su nación. Es preciso reconocer esas ideas erróneas observando la propia mente. Como el pensador y yogui indio Dharmakirti dice en su exposición del pensamiento budista:
 
En aquel que exagera el ser hay siempre adhesión al «yo». Debido a esa adhesión hay apego al placer. Debido al apego se ocultan las desventajas y se ven las ventajas, lo que refuerza el apego y hace ver los objetos «míos» como medios de obtener placer. Por tanto, mientras tengas adhesión al «yo», girarás en la existencia cíclica.
 
Es crucial reconocer los diferentes procesos del pensamiento. Algunos pensamientos simplemente nos hacen conscientes de un objeto, como ocurre cuando vemos un reloj como un sencillo reloj, sin emociones nocivas como el deseo. Otros pensamientos determinan correctamente que un objeto es bueno o malo pero no generan emociones nocivas; esos pensamientos únicamente reconocen lo bueno como bueno y lo malo como malo. No obstante, cuando se asienta la idea de que los objetos existen por sí mismos, la ignorancia fundamental ha hecho acto de presencia. Cuando la suposición errónea de la existencia intrínseca gana fuerza, surge el deseo o el odio.
 
El momento crucial en que pasamos de ser meramente conscientes a la percepción errónea se produce cuando la ignorancia exagera la cualidad positiva o negativa del objeto, de modo que acabamos viéndolo intrínsecamente bueno o malo, intrínsecamente atractivo o desagradable, intrínsecamente bonito o feo. Cuando, llevados por la ignorancia, aceptamos esta falsa apariencia como un hecho, abrimos el camino al deseo, el odio y muchas otras emociones contraproducentes. Estas emociones destructivas conducen, a su vez, a acciones basadas en el deseo y el odio, las cuales establecen en la mente las predisposiciones kármicas que dirigen el proceso de la existencia cíclica de una vida a otra.
 
El Origen de la Existencia Cíclica
 
Acabo de describir el proceso de cómo nuestra propia ignorancia nos destruye y cómo, vida tras vida, permanecemos sujetos a esa rueda de sufrimiento que llamamos «existencia cíclica»; algunos niveles mentales que normalmente consideramos correctos son, en realidad, exageraciones de la posición de las personas y las cosas, lo cual nos genera problemas a nosotros y a los demás. La ignorancia nos impide ver la realidad, el hecho de que la gente y demás fenómenos están sujetos a las leyes de causa y efecto, pero no tienen un ser esencial que exista de forma independiente.
 
Es preciso reconocer este proceso lo más claramente posible, comprender cada vez mejor la secuencia que comienza con la observación desapasionada y culmina con emociones y acciones contraproducentes. Sin ignorancia, las emociones contraproducentes son imposibles, no pueden producirse. La ignorancia es su respaldo. Por eso Aryadeva, erudito, yogui y discípulo indio de Nagarjuna dice:
 
Igual que la capacidad de sentir está presente en todo el cuerpo, la ignorancia mora en todas las emociones dañinas. Por tanto, todas las emociones dañinas se superan superando la ignorancia.
 
REFLEXIÓN MEDITATIVA
 
Considera lo siguiente:
 
1. ¿El atractivo de un objeto parece inherente a él?
2. ¿El atractivo de un objeto oculta sus defectos y desventajas?
3. ¿La exageración del atractivo de ciertos objetos conduce al deseo?
4. ¿La exageración de la fealdad de ciertos objetos conduce al odio?
5. Observa cómo:
  • Primero percibes un objeto.
  • Luego observas que el objeto es bueno o malo.
  • Luego concluyes que el objeto existe de forma independiente.
  • Luego concluyes que ese atributo bueno o malo es inherente al objeto.
  • Luego generas deseo u odio conforme a tus juicios previos.
 
Tomado de Conócete a ti mismo tal como realmente eres, Dalai Lama, Grijalbo Traducido por Matuca Fernández de Villavicencio.