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viernes, 21 de septiembre de 2012

¿...EL SUTRA DE LOTO...!!!

El Sutra del Loto es la única enseñanza de Sakyamuni que afirma que el poder manifestar esa verdad universal inherente a la vida, es decir manifestar la condición de Buda, (condición de vida caracterizada por una total libertad interior, sabiduría ilimitada y compasión o misericordia infinita) es una posibilidad real para todas las personas sin diferencias de etnia, clase social, económica o educación. Esto lo convierte en una enseñanza humanista y verdaderamente democrática.
 
Con el paso de los años estas enseñanzas se propagaron por la India y el resto del continente asiático, hasta que finalmente el budismo llegó al Japón en el siglo VI. Durante mucho tiempo las escuelas budistas estuvieron patrocinadas por el Estado y fueron desarrollando complejas prácticas que se hicieron inaccesibles para el hombre común. Con la aparición de una clase guerrera en el siglo XIII y la declinación de la aristocracia, emergieron nuevas formas, más populares, de budismo.
 
Entre estas nuevas formas de budismo, el de Nichiren (1222-1282) reconoce y enfatiza la supremacía del Sutra del Loto sobre todas las otras enseñanzas budistas. Hijo de un pescador, Nichiren ingresó al sacerdocio y después de un período de intensos estudios llega a la conclusión de que todas las personas pueden manifestar su máximo potencial a través de sus propios esfuerzos. De acuerdo a sus enseñanzas, el funcionamiento de todo el universo está sujeto a un único principio o Ley. Al entender esta Ley el individuo puede descubrir ese potencial oculto dentro de su propia vida y lograr una armonía creativa con el medio ambiente.
 
Esta filosofía representa el vehículo para la transformación del hombre, no sólo estimula al individuo a manifestar su infinito poder para enfrentar y transformar su cotidianidad, sino que además se convierte en un individuo que influencia de manera positiva su comunidad; asimismo permite desarrollar la sabiduría para entender y realizar acciones con el conocimiento de la profunda conexión entre nuestra felicidad y la felicidad de los demás, con la comprensión de que la mayor de las satisfacciones personales se encuentra en ayudar a otros a ser felices.
 
La verdadera entidad de la vida (Fragmento de Los principales escritos de Nichiren Daishonin, vol. 1, págs. 93 a 94.)
 
Sea como fuere, mantenga su fe como devoto del Sutra del Loto y esfuércese siempre como discípulo de Nichiren. Si usted comparte el mismo espíritu que Nichiren, tiene que ser un Bodhisattva de la Tierra. Y puesto que usted es un Bodhisattva de la Tierra, no cabe la menor duda de que ha sido discípulo del Buda desde el remotísimo pasado. El capítulo Yujutsu señala: He enseñado a estas personas desde el más remoto pasado.
 
No debería existir discriminación entre aquellos que propagan los cinco caracteres de Myoho-renge-kyo en el Último Día de la Ley, se trate de hombres o de mujeres. Si no fueran Bodhisattvas de la Tierra, no podrían invocar el daimoku. Al principio, sólo yo, Nichiren, invoqué Nam-myoho-renge-kyo. Pero luego siguieron dos, tres y cien más, que lo invocaron y enseñaron a otros. Así, de este mismo modo, se llevará a cabo la propagación en el futuro. ¿Acaso no es éste el significado de irrumpir de la Tierra? En el tiempo del kosen-rufu, toda la nación japonesa invocará Nam-myoho-renge-kyo, con la misma certeza con que una flecha apuntada hacia la tierra no puede errar el blanco.
 
Pase lo que pase, usted tiene que forjarse una buena reputación como devoto del Sutra del Loto y consagrarse a él. Los budas Shakyamuni y Taho, sentados en la Torre de los Tesoros, en el aire, rodeados por todos los demás budas y bodhisattvas, asintieron para mostrar su acuerdo. Lo que allí decidieron tenía el único fin de perpetuar la Ley verdadera a lo largo del Último Día. El buda Taho había ofrecido al buda Shakyamuni un lugar a su lado; cuando ambos desplegaron el estandarte de Myoho-renge-kyo, los dos adalides de toda la asamblea tomaron la decisión en conjunto. ¿Acaso podría haber algo falso en su decisión? El propósito verdadero de su encuentro fue brindarnos a los hombres comunes un medio para que alcanzáramos la Budeidad.
 
Si bien no estuve presente en la ceremonia, cuando examino el sutra, todo se vuelve claro como el agua. Por otro lado, tal vez haya estado en la ceremonia, pero como soy sólo un mortal común, conocer el pasado excede mi capacidad. Sin embargo, no caben dudas de que, en esta existencia, soy el devoto del Sutra del Loto y, por lo tanto, en el futuro, llegaré al sitial de la iluminación. Si juzgo el pasado desde este punto de vista, tengo que haber estado en la Ceremonia en el Aire: no puede haber discontinuidad entre el pasado, el presente y el futuro. [...]
 
Antecedentes:
 
Este gosho fue escrito en Ichinosawa, isla de Sado, y enviado a Sairen-bo, el 17 de mayo de 1273. La posdata afirma: Ya le he transmitido muchas de mis importantes enseñanzas. Las que le revelé en esta carta son especialmente importantes. [...] En ninguna circunstancia comente estas cuestiones con los demás. En esta carta, me consagré a escribir las enseñanzas de mi iluminación.
 
Por lo tanto, La verdadera entidad de la vida concierne al propio Nichiren Daishonin; específicamente, a la iluminación y la práctica del Buda original del Último Día de la Ley. Podemos presumir que Sairen-bo ya conocía algo acerca de la verdadera entidad de todos los fenómenos, concepto fundamental en la escuela Tendai. Sin embargo, no podía comprenderlo acabadamente sólo a través de la teoría de Tien-tai, por eso pidió una explicación al Daishonin. Ésta fue la respuesta.
 
Aunque comparado con otros el texto es corto, este documento contiene dos elementos importantes del Budismo del Daishonin. Fue escrito un mes después de El verdadero objeto de veneración, en el que revelaba la base de la práctica budista en el Último Día de la Ley, al explicar el Dai-Gohonzon, el supremo objeto de veneración, y la forma en que todas las personas pueden lograr la iluminación.
 
La verdadera entidad de la vida comienza con un pasaje del capítulo Hoben, el corazón de la enseñanza teórica del Sutra del Loto, que dice: La verdadera entidad de todos los fenómenos sólo puede ser comprendida y compartida por budas. Esta realidad consiste en apariencia, naturaleza, [...] y su coherencia del principio al fin. Esto significa que ningún fenómeno es en modo alguno diferente de la verdadera entidad de la vida, es decir, de Myoho-renge-kyo; y que las innumerables formas y realidades que existen en el gran universo, tanto concretas como abstractas, son manifestaciones de Myoho-renge-kyo. De este modo, revela la esencia del Sutra del Loto: la Ley de Myoho-renge-kyo y su corporificación en el Gohonzon. Este es el primer elemento, llamado ho-honzon, el objeto de veneración desde el punto de vista de la Ley.
 
Después de elucidar la enseñanza fundamental del Sutra del Loto, el Daishonin declara que sólo el bodhisattva Jogyo, el líder de los Bodhisattvas de la Tierra, puede propagar esa enseñanza y que el Daishonin llevó a cabo por sí mismo la misión encomendada al bodhisattva Jogyo. A la luz de su propia conducta y del cumplimiento de las predicciones del Sutra del Loto, Nichiren Daishonin sugiere que él es la manifestación del bodhisattva Jogyo. Sin embargo, una interpretación más profunda lo identifica como el Buda original de kuon-ganjo que estableció el Dai-Gohonzon para la salvación de todas las personas en el Último Día.
 
Asimismo, La verdadera entidad de la vida revela nin-honzon, al explicar el objeto de veneración desde el punto de vista de la Persona. Éste es el segundo elemento. A través de la Persona y de la Ley, el Daishonin revela el máximo objeto de veneración para la gente del Último Día, al proporcionar juntos los principales temas expuestos en La apertura de los ojos (nin-honzon) y El verdadero objeto de veneración (ho-honzon).
 
En la última parte de la carta, informa a Sairen-bo que aquellos que se dedican a propagar el Budismo verdadero con el mismo espíritu del Buda original son Bodhisattvas de la Tierra. Predice que, en el futuro, se logrará el kosen-rufu y concluye enunciando el corazón de la práctica budista el camino de la fe, la práctica y el estudio para el Último Día y hasta la eternidad.
 
Los capítulos «Hoben» y «Juryo»
 
El Sutra del Loto tiene veintiocho capítulos, y, entre e tos, los capítulos segundo -«Hoben»- y decimosexto «Juryo»-, son especialmente importantes. La preeminencia d Sutra del Loto sobre todos los demás sutras yace en su afirmación de que todas las personas pueden convertirse en budas como lo hizo Shakyamuni, y en su filosofía, que brinda la explicación teórica de esta posibilidad.
 
En el capítulo «Hoben», Shakyamuni comienza a enseñar su iluminación a sus discípulos. Revela, por primera vez, que todas las personas tienen igual potencial para lograr la Budeidad En el capítulo «Juryo», declara que él, en verdad, logró Budeidad antes de su existencia de ese momento, en el pasado distante llamado gohyaku-jintengo. Al mostrar su propia iluminación como algo que ha durado tanto tiempo, señala la naturaleza de buda eternamente inherente a todos los seres humanos.
 
Nichiren Daishonin enseñó que Nam-myoho-renge-kyo es la Ley que Shakyamuni reverenció para lograr la Budeidad en el pasado distante. Recitar el capítulo «Juryo» durante el gongyo es alabar el gran poder de Nam-myoho-renge-kyo, la Ley implícita en ese capítulo, mientras que recitar el capítulo «Hoben» es expresar la creencia de que el poder de Nam-myoho-renge-kyo, que es inherente a la propia vida, se manifestará y nos conducirá a la Budeidad. Con esta expectativa en lo profundo de] corazón, uno alaba la Ley suprema, Nam-myoho-renge-kyo.
 
Alabar esta ley es, al mismo tiempo, expresar gratitud a la Persona, Nichiren Daishonin. Recitar el capítulo «Juryo» es una expresión de gratitud a Nichiren Daishonin, quien reveló por primera vez la Ley de Nam-myoho-renge-kyo, inmersa en las profundidades de este capítulo, y que es el maestro de todos los budas del pasado, el presente y el futuro. Por otra parte, al recitar el capítulo «Hoben», expresamos nuestra admiración y respeto por el Daishonin como el Buda que hizo posible que las personas del último Día de la Ley se convirtieran en budas y disfrutaran del mismo estado iluminado que él.
 
Los capítulos «Hoben» y «Juryo» son, claramente, los más importantes de los veintiocho capítulos del Sutra del Loto, y por eso, en el Gosho, Nichiren Daishonin exhorta a los creyentes a recitarlos y a invocar Nam-myoho-renge-kyo.
 
La palabra hoben, literalmente, 'medios hábiles', indica aquí las enseñanzas preparatorias que se concibieron para conducir a las personas a la enseñanza verdadera. Se las puede comparar con un colectivo, un auto o un tren que llevan a las personas desde su hogar hasta la escuela o la oficina. SI' su destino es el estudio o el trabajo, hoben es el medio para llegar a esos lugares. Puesto que, tanto el estudio como el trabajo son vitales, si las personas quieren mejorar su vida y llevar una existencia más humana, estos 'medios' son en verdad muy importantes.
 
Una razón por la cual el capítulo «Hoben» recibe este nombre es que en él, Shakyamuni declara la naturaleza preparatoria de todo lo que enseñó en los cuarenta y dos años anteriores al Sutra del Loto. Todo apuntó, únicamente, a conducir a las personas a este sutra. Este capítulo es, entonces, una declaración de que el Sutra del Loto es la única enseñanza verdadera. Se llama «Hoben», porque revela que las actividades de la vida de los mortales comunes de los nueve estados (desde el de Infierno hasta el de Bodhisattva) son medios para manifestar la Budeidad.
 
SI, como lo muestra el capítulo «Hoben», la naturaleza de Buda es inherente a la vida, y, por lo tanto, uno es un buda en potencia, manifestar la naturaleza de buda es nuestra meta, y los nueve estados son los medios para lograrla. Por ejemplo, todos tenemos problemas en la vida cotidiana. Pueden ser familiares, laborales o sufrimientos que surgen de fallas en el carácter. Pero cuando esos problemas nos llevan a orar al Gohonzon, se convierten en los medios que conducen a nuestra revolución humana.
 
El significado de hoben también se aplica a la enseñanza de Shakyamuni en el propio Sutra del Loto. Este Sutra es, básicamente, un medio que conduce a la verdad última: Nam-myoho-renge-kyo de las Tres Grandes Leyes Secretas. Ni siquiera en el Sutra del Loto el buda Shakyamuni enseñó claramente la Ley a la que se había iluminado.
 
Nichiren Daishonin reveló esta verdad última. Aun así, desde una perspectiva, lo que el Daishonin enseñó es, con todo, un medio él único medio en el último Día para lograr la iluminación. La verdad puede ser experimentada en las profundidades de nuestro ser y formar la base de nuestra vida mediante la fe, la práctica y el estudio basados en el Gohonzon, en el cual el Daishonin corporificó su iluminación. Nichiren Daishonin le escribió a la señora Nichinyo: «Jamás busque este Gohonzon fuera de usted misma. El Gohonzon existe sólo en la carne mortal de nosotros, las personas comunes que abrazamos el Sutra del Loto e invocamos Nam-myoho-renge-kyo'.
 
Hasta aquí, nos hemos referido a los medios como algo distinto del fin, la verdad o el resultado. Pero existen también instancias en las que el medio no sólo está íntimamente conectado con el fin, sino que se convierte en el propio fin. El propósito de participar en los deportes, por ejemplo, no es sólo ganar una medalla de oro. Un objetivo aún mayor es fortalecer el cuerpo y la mente mediante la práctica seria de dicha actividad. En este caso, el medio y el fin son inseparables.
 
En el Budismo, la enseñanza preparatoria (medio) que contiene simultáneamente la enseñanza verdadera (fin) se denomina himyo hoben. «Hí» significa 'oculto', o sea, la verdad que subyace en las enseñanzas preparatorias; «myo» significa 'más allá de la concepción' o 'insondable'. En ese sentido, el hoben o 'medio' al que hace referencia el segundo capítulo son las enseñanzas introductorias que conducen a la verdad y, observando más profundamente, las enseñanzas que contienen la verdad.
 
Puede resultar útil considerar lo que se ha dicho hasta ahora sobre hoben a la luz de himyo hoben. Desde esta perspectiva, es evidente que los sutras enseñados antes que el Sutra del Loto no son meras enseñanzas preparatorias establecidas para conducir a las personas a la enseñanza verdadera, sino que cada uno de ellos contiene parte de la verdad. Pero aun así, la verdad completa está contenida únicamente en el Sutra del Loto. Sólo después de aprehender la verdad en el Sutra del Loto, puede uno volver a las enseñanzas anteriores a éste y discernir los puntos importantes dentro de las verdades parciales que contiene. Una parte de la verdad puede ser una guía confiable, cuando es vista en relación apropiada con el todo.
 
Existe una relación similar entre la Budeidad y los otros nueve estados. En cierto sentido, los nueve estados no son más que un medio para alcanzar el estado más elevado: la Budeidad. Pero consideremos si la vida del Buda podría existir sin los nueve estados. Incluso imaginar tal posibilidad es perder de vista la perspectiva cabal de la enseñanza del Sutra del Loto. No existe estado de Budeidad sin los otros nueve estados; ellos son componentes necesarios e integrales de la vida.
 
Mientras los seres humanos estén compuestos de carne y sangre, sean o no budas, tendrán los deseos e instintos indispensables para su vida como hombres y mujeres. Ellos poseen intrínsecamente los nueve estados, desde el de Infierno hasta el de Bodhisattva. Los nueve estados son, cada uno, estados distintos, pero también son inseparables y, cuando están basados en la Ley de la vida, Nam-myoho-renge-kyo, todos funcionan para crear valor en relación con las circunstancias externas.
 
Para ser de utilidad, las partes deben estar relacionadas con el todo. Un brazo no puede funcionar si está separado del cuerpo. Sólo cuando es parte del cuerpo puede cumplir con las funciones específicas de escribir, pintar o sostener cosas. Cuando nuestra existencia está basada en la Ley Mística, la verdad última de la vida, todas nuestras actividades producen valor. Esto se logra realizando el gongyo diariamente. Ello crea un vínculo entre las funciones vitales de los nueve estados y la Ley Mística, y permite activar la energía de la Budeidad.
 
Como se mencionó más arriba, las enseñanzas de Shakyamuni contenidas en el Sutra del Loto son los «medios», y la «verdad» es Nam-myoho-renge-kyo. Desde ese punto de vista, incluso la práctica que reveló y enseñó Nichiren Daishonin es un medio que conduce al «fin»: el logro de la Budeidad. Sin embargo, desde una perspectiva más profunda, llevar a la práctica este medio contiene, en sí, el fin. Recitar una parte del Sutra del Loto e invocar daimoku es un medio, mientras que manifestar la Budeidad es el fin. Pero uno manifiesta la Budeidad a través del mismísimo acto de recitar el Sutra del Loto y el daimoku; medio y fin son, así, inseparables.
 
El capítulo «Juryo» revela la insondable profundidad de la iluminación de Shakyamuni y cuánto tiempo permaneció en ese estado. De ahí su título: «¡u» significa el período de vida del Buda, específicamente, el de Shakyamuni, y «ryo», 'escrutar'. 'Escrutar la extensión de la vida del Buda' significa conocer durante cuánto tiempo ha sido un buda. No significa que el capítulo «Juryo» revele la «eternidad de la vida» misma. La creencia en la eternidad de la vida era algo difundido entre virtualmente todos los filósofos de la antigua India, mucho antes de la llegada del Budismo y, por lo tanto, no era algo digno de discutirse en el capítulo «Juryo». El capítulo se centra en la duración de la vida de Shakyamuni como buda, es decir, cuánto tiempo ha transcurrido desde que logró originariamente la Budeidad.
 
Aquí, Shakyamuni introduce un tiempo inimaginablemente distante llamado gohyaku-jintengo, cuando logró por primera vez la Budeidad, y declara que, desde entonces, ha estado continuamente aquí, en este mundo, exponiendo la Ley para salvar a la humanidad. Sus contemporáneos lo veían como un príncipe que había comenzado con las austeridades religiosas siendo muy joven y que, finalmente, había obtenido la iluminación cerca de la ciudad de Gaya. Nadie consideraba siquiera la posibilidad de que pudiera haber sido un buda desde antes, y cuando logró la Budeidad, pensaron que se debía a que era alguien especial. El capítulo «Juryo» muestra el error de esa idea.
 
Pero aún así la gente dudaba. Se preguntaba por qué el Buda, habiendo logrado la iluminación tanto tiempo atrás, había nacido como un mortal común que llevaba a cabo prácticas religiosas como otras personas, que todavía estaban buscando el camino. Por qué no había nacido buda. La respuesta a esa pregunta es que, aun cuando uno haya logrado la Budeidad, los otros nueve estados no desaparecen de la vida. Un buda aparece en el mundo como una persona común que posee los nueve estados.
 
Eso corresponde al principio revelado en el capítulo «Hoben», de que los mortales comunes de los nueve estados poseen inherentemente el estado de Buda. La Budeidad no puede existir separada de los nueve estados, ni viceversa, porque ambos son eternamente inherentes a la vida. Esta relación se describe como himyo hoben. Aunque ambos enseñan la inseparabilidad de la Budeidad y de los nueve estados, los capítulos «Hoben» y «Juryo» están escritos desde puntos de vista diferentes. El capítulo «Hoben» revela que los nueve estados poseen inherentemente la Budeidad, mientras que el capítulo «Juryo» muestra que la Budeidad retiene los nueve estados. Además, el capítulo «Hoben» exhibe la Budeidad sólo como un potencial que existe en la vida de las personas, mientras que el capítulo «Juryo» la describe como una realidad manifiesta en la persona de Shakyamuni.

¡¡¡...LA UNICA FRASE ESENCIAL...!!!

Una de las discípulas de Nichiren Daishonin planteó esta pregunta:
 
“¿Puede uno lograr la Budeidad con sólo invocar Nam-myohorengue-kyo?”.
 
La Budeidad es un estado de vida tan inmenso, que la vida se disfruta al máximo, y lo mismo sucede con la muerte. Entonces, la pregunta podría expresarse con otras palabras: ¿es posible de verdad alcanzar un estado de vida tan espléndido con solo invocar daimoku? Myoho-ama es la mujer que le planteó al Daishonin esta pregunta sincera y directa, sobre la más importante de las cuestiones El Sutra del Loto explica la doctrina de los “seis actos difíciles y los nueve actos fáciles”.
 
Además de los que el Daishonin menciona en el párrafo, entre los nueve actos fáciles figuran proezas, todas ellas imposibles para el sentido común, como caminar a través de una pradera en llamas cargando a las espaldas un fardo de heno sin quemarse. Lo cierto es que incluso acciones tan imposibles resultan “sencillas” comparadas con el desafío de los seis actos difíciles.
 
Estos últimos son propagar ampliamente el Sutra del Loto, copiarlo o hacer que otras personas lo transcriban, recitarlo aun por poco tiempo, enseñarlo aunque sea a una sola persona, escucharlo y preguntar acerca de su significado, y mantener la fe en sus enseñanzas después de la muerte de Shakyamuni.
 
El hecho de que Myoho-ama haya interrogado sobre el Sutra del Loto corresponde a la noble acción de “preguntar acerca de su significado”. Pero además, como bien señala el Daishonin, es extremadamente raro hallar a alguien capaz de brindar respuestas correctas a tales preguntas.
 
Aunque los nueve actos fáciles parezcan difíciles en extremo, en realidad son acciones de naturaleza física y externa, relacionados con facultades místicas o, como se diría hoy, con poderes sobrenaturales. Pero, en realidad, revolucionar la propia vida siguiendo las enseñanzas correctas es algo mucho más complejo y arduo que realizar “milagros” de esa índole.
 
Si uno mira las cosas profundamente, esta civilización moderna, basada en el progreso material, ha logrado infinidad de “milagros” que, hasta hace unas décadas, eran imposibles. Pero, sin embargo, no ha sido capaz de generar felicidad a los seres humanos.
 
La doctrina de los seis actos difíciles y los nueve actos fáciles da un toque de alerta sobre las limitaciones de dicho enfoque.
 
El Daishonin afirma que quienes practican la Ley Mística “lograrán manifestar la Budeidad sin abandonar su identidad actual”. Eso quiere decir, en esta existencia. Cada uno de nosotros, siendo el que es, resplandecerá como un buda. Y a esto se le llama “revolución humana”.
 
Las enseñanzas expuestas antes del Sutra del Loto enseñaban que el cuerpo del Buda era la propiedad de la Ley; que la mente del Buda era la propiedad de la sabiduría, y que la conducta misericordiosa del Buda era la propiedad de la acción. Siempre se describía al Buda como un ser extraordinario, que debía venerarse a la distancia. En cambio, el Sutra del Loto explica que las personas comunes son budas, en sí.
 
Se trata de una enseñanza histórica, según la cual el Buda dotado de las tres propiedades iluminadas es una persona común de kuon ganjo. Nichiren Daishonin dice que cuando abrazamos la Ley Mística, nuestra vida pasa a ser la propiedad de la Ley; nuestra mente, la propiedad de la sabiduría; nuestras acciones, la propiedad de la acción.
 
El hecho de que nuestra vida sea la propiedad de la Ley significa que nuestra vida, o ichinen, que corporifica la unidad entre la mente y el cuerpo, es inseparable de la Ley Mística. Nuestra vida, o ichinen, es en su totalidad el deseo de lograr el Kosen-rufu; cuando esto sucede, uno quiere dedicarse por completo a la felicidad de los demás.
 
Extraído del libro de Daisaku Ikeda: “Aprendamos del Gosho: La eterna enseñanza de Nichiren Daishonin”.

BUSCANDO EL CENTRO...!!!!

Vivimos constantemente en lucha, lucha constante, pero el peor aspecto de esa lucha es el que lleva el hombre en su interior. El solo hecho de nacer, enfermar, envejecer y morir es una situación que el hombre no termina de aceptar, "miren las aves y los lirios del campo que no tejen ni hilan", cualquier animal muestra más dignidad ante las leyes básicas de la vida. A mi parecer no es la falta de conciencia o la naturaleza instintiva como me dirían muchos seudo intelectuales, creo en" la inocencia animal ". El no saltar del pasado al futuro desatendiendo lo único que tenemos que es nuestro presente.
 
Cuál es la órbita del hombre…?, el dinero, la casa,  el coche y todas los espejitos de colores en las cuales invierte su vida, inversiones que pasada la moda, el tiempo de uso, al aparecer un nuevo espejos, lo hace regresar a su lucha de origen. Seguiremos alimentando al sistema que destruye al hombre, eterno fabricante de deseos falsos, manejado para enriquecer el capital de unos pocos?.  Puedo pretender estabilidad si órbita en centros cada vez mas impermanentes?, que poner en primer lugar y que en segundo?, cuáles son mis prioridades?
 
Solo centrándonos en lo permanente y superior podremos lograr el equilibrio, la estabilidad emocional, el orden interior, dejando que lo demás circule alrededor de ese pivote, todo el sufrimiento proviene de la mente, del parloteo mental, de la charla sicológica. Y la lucha sigue...meditemos...y terminamos poniendo la mente en lucha con la mente, sigamos reglas y pautas, pero no debemos confundir la ética religiosa con la espiritual, ya que muchas veces una sigue la búsqueda de un orden social y es funcional al sistema que lejos esta de ser espiritual. no son las reglas lo que nos darán crecimiento, sino un cambio real en el eje de nuestras vidas.
 
El eje de nuestras vidas debe ser aquella que nos permita conocer el interior de cada uno de nosotros…, la conquista de nuestra propia vida…, saber hacer consciente nuestra propia oscuridad, esa ley mística inherente a cada ser sintiente…, solo así lograremos la máxima plenitud y la budeidad en esta existencia, logrando la comprensión absoluta de que cada ser es una manifestación del UNIVERSO, que cada uno de nosotros somos un microuniverso, donde conociéndonos a nosotros mismos entendiendo nuestra naturaleza en estado de buda lograremos entender el UNIVERSO y sus cambios constantes…
 
Tanto la vida y la muerte son consecuencias y causas de la misma existencia, porque la vida y la muerte no son más que parte de un eterno ciclo en permanente cambio, debemos comprender esto a plenitud si queremos alcanzar la iluminación…¡¡¡

PENSAMIENTOS POR CARL GUSTAV JUNG...!!!

Pensamientos de Carl Gustav Jung Extraidos de diversas obras suyas por E. Eskenazi
 
Sólo un necio está interesado en la culpa de los demás, puesto que no puede cambiarla. El sabio aprende sólo de su propia culpa. Se preguntará a sí mismo: ¿quién soy puesto que todo esto me está ocurriendo? Para encontrar la respuesta a esta pregunta destinal, mirará en su propio corazón.El paciente no tiene que aprender cómo liberarse de su neurosis, sino como soportarla. Su enfermedad no es una carga gratuita y, por consiguiente, sin significado; es su propio sí-mismo, el "otro" que por pereza o temor infantil, o por otros motivos, siempre ha intentado excluir de su vida. De este modo, como acertadamente dice Freud, transformamos al ego en un "asentamiento de ansiedad", lo que nunca hubiera sido si no nos defendiéramos contra ello tan neuróticamenteEl secreto es que sólo lo que puede destruirse a sí mismo está verdaderamente vivo.
 
Hay tan poco mérito en ser bueno como poco vicio o pecado en ser malo: en esto nosotros no hacemos sino representar los papeles que nos han dado.Quizás consiga que se comprenda mejor mi pensamiento diciéndoles que uno no se encuentra completamente a gusto hasta que no se encuentra a sí mismo, hasta que no tropieza consigo mismo; si no se ha encontrado con dificultades interiores, uno se queda en la propia superficie; cuando un ser entra en colisión consigo mismo, siente inmediatamente una sensación saludable que le procura bienestar.
 
El sentimiento de una inferioridad moral no proviene de un desacuerdo con la ley moral común la cual en cierto sentido es arbitraria, sino del conflicto del individuo consigo mismo, con su Sí Mismo, que reclama imperiosamente, por motivos de equilibrio psíquico, que se colmen los déficits y las lagunas oscuramente percibidas, inconscientemente conscientes. Cada vez que surge un sentimiento de inferioridad, no sólo indica la exigencia en el sujeto de asimilar un factor hasta ahora inconsciente, sino que también indica la posibilidad de esta asimilación.
 
En último análisis son las cualidades morales de un ser los que la conducen y la obligan -ya directamente por el conocimiento y la aceptación de la necesidad, ya indirectamente a través de una dolorosa neurosis- a asimilar su Sí Mismo inconsciente y a mantenerlo consciente. Quien quiera que progrese en el camino de la realización de su Sí Mismo, inconsciente, volverá necesariamente conscientes los contenidos del inconsciente personal, lo que ampliará considerablemente la extensión, los horizontes y la riqueza de la personalidad. Señalemos enseguida que esta “ampliación” concierne en primer puesto a la conciencia moral y el conocimiento de sí mismo; pues los contenidos del inconsciente que libera el análisis y que pasan a la conciencia son, por regla general, principalmente contenidos desagradables que, como tales, han sido rechazados: recuerdos, deseos, tendencias, proyectos, etc.
 
Son contenidos que, por ejemplo, evocaría de manera análoga una confesión general, sincera, si bien en una medida menor.La naturaleza humana no consiste sólo y enteramente en luz, sino también en abundante sombra, de modo que el conocimiento que se alcanza en la práctica del análisis resulta a menudo algo penoso, tanto más cuanto más se estaba antes persuadido de los contrario (según ocurre por regla general) .Así como unos se tornan demasiado exuberantes a causa de su optimismo, así los otros, por su pesimismo, se vuelven demasiado temerosos y pusilánimes. En esta formas se plasma de algún modo el gran conflicto, cuando se lo reduce a una escala menor. Pero también en estas proporciones reducidas se reconoce sin dificultad el hecho esencial; la arrogancia de los unos y la pusilanimidad de los otros tiene algo en común: la inseguridad acerca de sus límites.
 
En su estado de identificación con la psique colectiva el sujeto, en efecto, intentará sin falta imponer a los demás las exigencias de su inconsciente. Pues la identificación con la psique colectiva confiere un sentimiento de valor general y casi universal (lo que antes hemos llamado “semejanza divina”) que lleva a no ver la psique personal deferente de los prójimos, a hacer abstracción y a pasar de largo. El sentimiento de detentar un valor, una verdad universal, emana espontáneamente de la universalidad de la psique colectiva; una actitud, una óptica colectivas, presuponen naturalmente en lo otro y en los demás la misma psique colectiva.
 
Esto implica por parte del sujeto un rechazo categórico, una verdadera imposibilidad de apercibir las diferencias individuales y también las diferencias de orden general que puedan existen en el seno mismo de la psique colectiva... La imposibilidad o el rechazo a ver lo individual, de lo que no percibe más la existencia, equivale simplemente a extinguir al individuo, lo que destruye los elementos de diferenciación en el seno de un grupo. Pues el individuo es, por excelencia, el factor de diferenciación. Las virtudes más grandes, las creaciones más sublimes, así como los peores defectos y las peores atrocidades son individuales.
 
Sólo la presencia viva de las imágenes eternas es capaz de conferir al alma la dignidad que le hace verosímil y moralmente posible al hombre perseverar en su alma y estar convencido de que vale la pena permanecer junto a ella. Sólo entonces se le hará evidente que el conflicto le pertenece, que la escisión es su doloroso patrimonio, del que no se libra atacando a otros, y que si el destino le hace cargar con una culpa, es una culpa respecto a sí mismo.
 
Para curar el conflicto proyectado, hay que devolverlo al alma del individuo, donde comenzó de manera inconsciente. Quien quiera dominar este ocaso debe celebrar una eucaristía consigo mismo y comer su propia carne y beber su propia sangre, es decir, tiene que conocer y aceptar en sí al otro.Mientras más se toma conciencia de sí mismo, gracias al conocimiento que se adquiere poco a poco, y gracias a las rectificaciones del comportamiento que se derivan, más disminuye y desaparece la zona del inconsciente personal depositada sobre el inconsciente colectivo.
 
Y siguiendo paso a paso esta evolución, se crea poco a poco una conciencia que no ya no está más aprisionada en el mundo mezquino, estrechamente personal y susceptible del yo, sino que participa cada vez más en el vasto mundo de las cosas. Esta conciencia ampliada se distanciará poco a poco de este escondrijo egoísta y umbrío de deseos personales, aprehensiones, esperanzas y ambiciones, tendencias todas que debieran encontrar en el ser las compensaciones e incluso rectificaciones, gracia a las tendencias personales, opuestas e inconscientes.
 
Esta conciencia renovada llegará a ser un elemento relacional, una función que arroja una pasarela hacia el objeto y el mundo de las cosas, que implicará e integrará al individuo en una comunidad indisoluble con el mundo, comunidad en la que el ser se siente comprometido y responsable. Las complicaciones humanas que se producen entonces, desde que el individuo a llegado a este estadio de evolución, no son ya vulgares conflictos de deseos egoístamente personales, sino que refieren a dificultades referentes a cualquier. En este plano, se trata en definitiva de problemas colectivos que movilizan al inconsciente colectivo, pues la compensación que necesitan ya no es de orden personal, sino colectivo.
 
Podemos constatar entonces que el inconsciente del individuo produce contenidos que no sólo valiosos sólo para el mismo sujeto, sino también para muchos seres y, bien puede ser, para casi todos. Estas identificaciones con el rol social constituyen por lo demás una fuente abundante de neurosis: no es sin desgaste y sin ser cruelmente castigado que el hombre puede alienarse de sí mismo en beneficio de una personalidad artificial. Ya la menor solicitación respecto al hombre interior en este sentido y el menor abandono del hombre exterior a tal curso determinan, en todos los casos banales, reacciones inconscientes, humores, afectos, miedos, representaciones obsesivas, debilidades o vicios.
 
El hombre que en la vida social se presenta como “hombre fuerte”, ”hombre de hierro”, es muy a menudo en la vida “privada” como un niño de cara a sus sentimientos y sus estados de ánimo: la disciplina que muestra (y que, particularmente, exige de los demás) se encuentra, en el plano privado, vergonzosamente y caricaturalmente contradicha y desmentida. Su “vamos al trabajo”, su “disponibilidad profesional”, su “amor al deber” tienen un rostro melancólico; su “ejemplar” moral oficial tiene rasgos muy singulares cuando se levanta la máscara. Y nos referimos aquí menos a los actos que a los movimientos de la imaginación...
 
En la medida en que el mundo solicita insidiosamente al individuo que se identifique con su máscara, y en la medida en que el individuo sucumbe a estas seducciones, será librado a las influencias que emanan del mundo interior, y será su víctima con mayor frecuencia... Cuando el individuo se identifica con su máscara, la contradicción surge del interior de sí mismo y actúa sobre el yo; todo ocurre como si el inconsciente oprimiera al yo con una potencia igual a aquella con la que la persona atrae a ese yo, como si la sumisión a las solicitudes exteriores y a las seducciones de la persona significaran una debilidad análoga de cara a las fuerzas interiores y a los poderes del inconsciente.
 
En tanto el individuo asume, en su relación con el mundo, el rol de una personalidad fuerte y eficaz, en el fondo de sí se desarrolla una debilidad afeminada ante todas las influencias que emanan del inconsciente: se abandona cada vez más a caprichos, humores, accesos de ira... Así pues, la persona, la imagen ideal del hombre tal como debiera y quisiera ser, se encuentra interiormente cada vez más compensada por una debilidad femenina; y en la media en que exteriormente el desempeña el papel de hombre fuerte, interiormente se transforma en una manera de ser afeminada, que he llamado anima; entonces el anima se opone a la persona.
 
Así como es indispensable, en vista de la individuación, de la realización de sí mismo, que un ser aprenda a diferenciarse de la apariencia que encarna a los ojos de los demás y a sus propios ojos, así es indispensable, en un fin idéntico, que tome consciencia del sistema interrelacional invisible que conecta su yo y su inconsciente, a saber su anima, a fin poder igualmente diferenciarse de ella. Pues no se puede uno diferenciar de algo inconsciente.
 
Por lo que respecta a la persona, es relativamente fácil de modo natural para cualquiera percibir que su función y uno mismo son dos cosas diferentes. Por lo que respecta al anima, por el contrario, no se llegará a diferenciarse de ella que a costa de las mayores dificultades y de los mayores esfuerzos, por la buena razón de que precisamente es invisible y difícilmente discernible.Ahora, los factores inconscientes son hechos que ejercen poderes tan condicionantes como las fuerzas que regulan la vida de la sociedad; y los primeros son tan colectivos como los segundos. Por ello, así como puede distinguir lo que mi función exige y espera de mí de lo que yo quiero, puedo aprender a hacer la distinción entre lo que yo quiero y lo mi inconsciente tiende a imponerme.
 
Precisamente porque estas tendencias contrarias están secreta y subterráneamente en relación unas con otras, son susceptibles de encontrar su acuerdo en una cierta media, en un cierto compromiso que, de algún modo necesariamente, brota voluntaria o involuntariamente del individuo mismo, y del cual éste ha de tener una cierta presciencia intuitiva. Cada cual tiene un sentimiento de lo que debería ser, de lo que podría ser, de lo que uno debiera ser. No tener en cuenta esta intuición, descartarla y alejarse, es hacer un falso camino, es comprometerse en el sendero del error y, a corto o largo plazo, desembocar en la enfermedadPuesto que la psique no es una unidad, sino que está constituida de un conjunto de complejos contradictorios, no es difícil realizar la disociación necesaria para la confrontación dialéctica con el anima.
 
El arte de este diálogo íntimo consiste en dejar hablar, en dejar acceder a la “verbalización” a la compañera invisible, a poner a su disposición, de alguna manera, los mecanismos de la expresión, sin dejarnos frenar por el disgusto que naturalmente se siente consigo mismo en el transcurso de este procedimiento, que parece un juego de un absurdo ilimitadoSiempre procedemos por la idea simplista de que somos el único dueño en nuestra propia casa. Nuestra comprensión debe familiarizarse con el pensamiento de que, incluso en la vida más íntima de nuestra alma, todo acaece como si viviéramos en una especie de morada que, al menos, presenta puertas y ventanas que se abren sobre un mundo cuyos objetos y presencias actúan sobre nosotros, sin que podamos decir por ello que los poseemos.
 
He llamado función trascendente a esta modificación que resulta de la confrontación del individuo con su inconsciente. Esta curiosa facultad de metamorfosis que manifiesta el alma humana, y que se expresa precisamente en la función trascendente, es el objeto esencial de la filosofía alquimista de finales de la Edad Media; expresa su tema principal de la metamorfosis mediante la simbólica alquímica... El secreto de esta filosofía alquímica, y su llave ignorada durante siglos, es precisamente el hecho, la existencia de la función trascendente, de la metamorfosis de la personalidad, gracias a la mezcla y a la síntesis de sus factores nobles y sus constituyentes groseros, la aleación de la funciones diferenciadas y de las que no lo son, brevemente: los esponsales, en el ser, de su yo consciente y de su inconsciente.
 
El famoso problema que ha preocupado a la Edad Media, el de la cuadratura del círculo, que fue una de las preocupaciones esenciales de los alquimistas. Aquí el problema de la cuadratura del círculo surge en un punto dado para representar de manera simbólica la individuación.
 
La personalidad total se caracteriza merced los cuatro puntos cardinales del horizonte, los cuatro dioses, es decir las cuatro funciones que permiten la orientación en el espacio psíquico interior y gracias al círculo que abraza al conjunto Sin su individualización, el ser permanece en una condición de mezcla y de confusión con los demás; en este estado, realiza acciones que le colocan en desacuerdo y en conflicto consigo mismo... pero el desacuerdo consigo mismo constituye fundamentalmente el estado neurótico... Ahora, no puede sobrevenir una liberación de este estado si no se puede existir y actuar de conformidad con lo que se siente como su verdadera naturaleza. Este sentimiento de su verdadera naturaleza la experimentan los hombres de manera borrosa, nebulosa e incierta; pero, mediante su evolución, se afirma en fuerza y en claridad.
 
Después de violentas fluctuaciones iniciales, las contradicciones se compensan y aparece paulatinamente una nueva actitud, cuya ulterior estabilidad será tanto mayor cuanto más violentas hayan sido las diferencias iniciales. Cuanto mayor haya sido la tensión de las contradicciones, tanto mayor será la energía que de ella surja, y cuanto mayor esta energía, tanto más intensa será la fuerza atractiva, constelizante. En proporción con esa mayor atracción, será también mayor la amplitud del material psíquico constelizado, y cuanto más aumente esta amplitud tanto menor será la posibilidad de ulteriores trastornos que podrían resultar de diferencias con materiales no constelizados previamente.
 
De ahí que una actitud mental surgida de amplias compensaciones sea particularmente estable.... los más profundos conflictos, una vez superados, dejan tras de sí una seguridad y tranquilidad o un quebrantamiento tales, que difícilmente podrán ser trastornados o, respectivamente, curados, mientras que por el contrario, es preciso que hayan existido los más profundos contrastes y que éstos hayan llevado a una conflagración, para producir resultados valiosos y permanentes.El alma contiene todas las imágenes de las que han surgido los mitos; nuestro inconsciente es un sujeto actuante y paciente, cuyo drama el hombre primitivo vuelve a encontrar en todos los grandes y pequeños procesos naturales.Para hacerse una imagen del proceso simbólico, las series de imágenes de los alquimistas resultan buenos ejemplos, aunque sus símbolos son en general tradicionales.
 
Un magnífico ejemplo oriental es el sistema Chakra tántrico o el sistema nervioso místico del yoga chino. De acuerdo con todas las apariencias, las series de imágenes del Tarot son derivados de los arquetipos de la transformación. El proceso simbólico es un vivenciar en imagen y de la imagen. Su desarrollo muestra por lo regular una estructura enantiodrómica como el texto del I Ching y presenta por tanto un ritmo de negación y afirmación, de pérdida y ganancia, de claridad y oscuridad. Su comienzo se caracteriza casi siempre por un callejón sin salida u otra situación imposible; su meta es, expresada en general, el esclarecimiento o una más elevada conciencialidad, con lo cual la situación de partida se supera en un nivel más alto.
 
La realidad que aparece como directa consta de imágenes..., por esa razón, sólo vivimos directamente en un mundo de imágenes. Para averiguar siquiera aproximadamente la naturaleza real de las cosas materiales necesitamos los complicados aparatos y métodos de la física y de la química. Estas ciencias son instrumentos que capacitan al espíritu humano para, a través del engañoso velo del mundo de las imágenes, asomarse un poco a una realidad no psíquica.
 
Así pues, lejos de ser un mundo material, la realidad es un mundo psíquico que sólo admite conclusiones indirectas e hipotéticas sobre la naturaleza de la materia... Únicamente a lo psíquico le corresponde la realidad inmediata, y además a cualquier forma de lo psíquico, incluso a las ideas y pensamientos "irreales" que no hacen referencia a ningún "exterior". Aunque a tales contenidos los llamemos figuraciones o delirios, no por ello dejan de tener eficacia; es más, no existe ningún pensamiento "real" que, en un momento dado, no pueda ser desplazado por un pensamiento "irreal", presentando éste una mayor fuerza y eficacia que el primero.
 
Mayores que todos los peligros físicos son los colosales efectos de las ideas delirantes, a las que sin embargo nuestra conciencia del mundo quiere negarles toda realidad. Nuestra elogiadísima razón y nuestra exageradamente estimada voluntad se revelan en ocasiones impotentes frente al pensamiento "irreal". Las fuerzas universales que gobiernan incondicionalmente a toda la humanidad son factores psíquicos inconscientes, y éstos son también los que crean la conciencia y, con ello, la conditio sine qua non para la existencia de un mundo. Estamos dominados por un mundo creado por nuestra alma.
 
El gran error que ha cometido nuestra conciencia occidental es atribuir al alma sólo una realidad derivada de causas materiales. Bastante más sabio es el Oriente, que fundamenta la esencia de todas las cosas en el alma. Entre las desconocidas naturalezas del espíritu y la materia, se halla la realidad de lo anímico, la realidad psíquica, la única realidad que podemos experimentar directamente. Hay una existencia anímica sustraída a la creación y manejo conscientes del libre albedrío.
 
Si bien podría parecer que todo lo anímico es como una sombra y tiene un carácter fugaz y superficial o, en una palabra, fútil, en realidad esas características se verifican generalmente en el caso de lo psíquico-subjetivo, pero no en el de lo psíquico-objetivo, lo inconsciente, que representa una condición a priori de la conciencia y de sus contenidos. De lo inconsciente surgen efectos determinantes que, independientemente de la transmisión, aseguran en todo individuo la similitud y aún la igualdad de la experiencia y de la creación imaginativa.
 
Una de las pruebas fundamentales de esto es el paralelismo que podríamos calificar de universal entre los temas mitológicos, a los que he llamado arquetipos a causa de su naturaleza de imágenes primordiales.Puesto que todo lo psíquico es preformado, también lo son sus funciones particulares, en especial aquellas que provienen directamente de predisposiciones inconscientes. A ese campo pertenece ante todo la fantasía creadora , En los productos de la fantasía se hacen visibles las “imágenes primordiales” y es aquí donde encuentra su aplicación específica el concepto de arquetipo.La consciencia no es continua.
 
Es cierto que se habla de la continuidad de la consciencia, pero en realidad esta continuidad no existe y la impresión que nos la hace sentir es consecuencia del recuerdo. La conciencia es intermitente, discontinua. ...En el fondo son pocos los momentos en los que se es realmente consciente, en los que la consciencia alcanza un cierto nivel y una cierta intensidad...
 
El inconsciente en cambio es un estado constante, duradero que, en su esencia, se perpetúa semejante a sí mismo; su continuidad es estable, cosa que no se puede pretender del consciente.El inconsciente teje perpetuamente un vasto sueño que, imperturbable, sigue su camino por debajo de la conciencia, emergiendo a veces durante la noche en un sueño o causando durante la jornada singulares y pequeñas perturbaciones. La consciencia es, por naturaleza, una especie de capa superficial, de epidermis flotante sobre el inconsciente, que se extiende en las profundidades como un vasto océano de una continuidad perfecta... Si juntamos el consciente y el inconsciente, abarcamos casi todo el do-minio de la psicología.
 
La conciencia se caracteriza por una cierta estrechez; se habla de la estrechez de la conciencia , por alusión al hecho de que no puede abarcar simultáneamente sino un pequeño número de representaciones.La voluntad es una gran maga que, además, añade a sus encantos la paradoja de sentirse y aspirar a ser libre. Experimentamos el sentimiento de libertad, incluso cuando se puede probar la existencia de causas precisas que con toda necesidad debían entrañar tal o cual consecuencia que, precisamente, hemos realizado: a pesar de ello, el sentimiento de libertad es, no obstante, muy vivo en nosotros...
 
Si la voluntad está marcada por esa libertad soberana que la caracteriza, ello se debe a que es una parcela de esa oscura fuerza creadora que yace en nosotros, que nos conforma, que edifica nuestro ser, que reacciona frente a nuestro cuerpo, que mantiene o destruye su estructura y que crea vías nuevas. Esta energía aflora, en cierto modo, en el seno de la voluntad y hasta en la esfera de la conciencia humana, aportando consigo ese sentimiento absoluto y soberano de imperecedera libertad que no se deja alterar o restringir por ninguna filosofía.Siempre hay una parte de nuestra personalidad que es inconsciente, que está en vías de formación; estamos eternamente inacabados, crecemos y cambiamos.
 
La personalidad futura que seremos está ya en nosotros, pero todavía oculta en la sombraTodo el mundo sabe, en la actualidad, que uno “tiene complejos”. Lo que no se sabe también, aunque teóricamente es mucho más importante, es que los complejos lo tienen a uno. En efecto, la suposición ingenua de la unidad de la conciencia, que se identifica con el “psiquismo” total, y de la supremacía de la voluntad, es gravemente cuestionada por la existencia de los complejos.
 
Cada constelación de complejos motiva un estado de conciencia perturbado. La unidad de la conciencia queda rota y la intención volitiva es más o menos dificultada, o aun impedida del todo. También la memoria sufre a menudo profundamente... De ahí que el complejo deba ser un factor psíquico que, energéticamente hablando, posee una valencia susceptible de superar en ocasiones la del propósito consciente, pues de otro modo no serían posibles tales rupturas del orden consciente. En realidad un complejo activo nos deja momentáneamente en un estado de pérdida de libertad, de pensamiento y acción compulsivos, estado al que quizá podría aplicársele el concepto jurídico de responsabilidad limitada.
 
Los complejos, en efecto, se comportan como genios malignos cartesianos... son los personajes que actúan en nuestros sueños, con los que nos enfrentamos en una total impotencia... Su origen, su etiología, es a menudo un choque emocional, un traumatismo o algún incidente análogo, que tiene por efecto el separar un compartimiento de la psique. Una de las causas más frecuentes es el conflicto moral basado, en última instancia, en la imposibilidad aparente de asentir a la totalidad de la naturaleza humanaEsta posibilidad entraña, por su existencia misma, una escisión inmediata, a espaldas o no de la conciencia.
 
Es incluso, por lo general, una inconsciencia perceptiva notable de los complejos, lo que les confiere naturalmente una libertad de acción tanto mayor: su fuerza de asimilación aparece entonces en toda su amplitud, al ayudar la inconsciencia del complejo a asimilarse el yo mismo, lo que crea una modificación momentánea e inconsciente de la personalidad, llamada identificación en el complejo. Esta noción moderna por completo llevaba en la Edad Media otro nombre: se llamaba entonces posesión.Un complejo es como una especie de imán, un centro cargado de energía atractiva que se anexiona todo lo que encuentra a su alcance, incluso cosas indiferentes...
 
Por esta razón se dice que el complejo ejerce un efecto atrayente y asimilador. Quienquiera que se encuentre bajo el influjo de un complejo predominante asimila, comprende y concibe los datos nuevos que surgen en su vida en el sentido de este complejo, al que quedan sometidos; en resumen, el sujeto vive momentáneamente en función de su complejo, como si viviera un inmutable prejuicio original.
 
Cuando la cólera ocasionada por una pequeñez se apodera de nosotros, costaría mucho trabajo v ver que el motivo de nuestra furia no estaba por completo en tal cosa molesta o en tal individuo insoportable. Sin embargo, atribuimos a estas cosas el poder de ponernos fuera de nosotros mismos e incluso de ocasionarnos insomnios y pesadez de estómago. Echamos pestes, pues, sin miramientos ni reserva contra ese escollo, injuriando por ello a una parte inconsciente de nosotros mismos, que se encuentra proyectada en el elemento perturbador. Nuestra cólera ha podido tomar cuerpo sólo gracias a esta proyección.Son legión tales proyecciones.
 
Unas son favorables, facilitando como un puente entre dos orillas el paso de la libido; otras son desfavorables, sin que lleguen a formar prácticamente, no obstante, obstáculos, pues las proyecciones peyorativas están en general localizadas fuera del círculo de las relaciones íntimas.El agua es el “espíritu del valle”, el dragón del agua del Tao cuya naturaleza es similar al agua, un Yang integrado en el Yin. Psicológicamente agua quiere decir espíritu que se ha vuelto inconsciente... Aparentemente el “espíritu” llega siempre desde lo alto. Para esa concepción espíritu significa libertad suprema, un flotar sobre las profundidades, una liberación de la prisión de lo ctónico y por lo tanto un refugio para todos los timoratos que no quieren “llegar a ser “.
 
Pero el agua es terrenalmente palpable, es también el fluido del cuerpo regido por el impulso, es la sangre y la avidez de sangre, es el olor animal y lo corpóreo cargado de pasiones.Es cierto que quien mira en el espejo del agua, ve ante todo su propia imagen. El que va hacia sí mismo corre el riesgo de encontrarse consigo mismo. El espejo no favorece, muestra con fidelidad la figura que en él se mira, nos hace ver ese rostro que nunca mostramos al mundo, porque lo cubrimos con la persona, la máscara del actor.
 
Pero el espejo está detrás de la máscara y muestra el verdadero rostro. Esa es la primera prueba de coraje en el camino interior; una prueba que basta para asustar a la mayoría, pues el encuentro consigo mismo es una de las cosas más desagradables y el hombre lo evita en tanto puede proyectar todo lo negativo sobre su mundo circundante.
 
Si uno está en situación de ver su propia sombra y soportar el saber que la tiene, sólo se ha cumplido una pequeña parte de la tarea: al menos se ha transcendido el inconsciente personal. Pero la sombra es una parte viviente de la personalidad y quiere entonces vivir de alguna forma. No es posible rechazarla ni esquivarla inofensivamente. Este problema es extraordinariamente grave, pues no sólo pone en juego al hombre todo, sino que también le recuerda al mismo tiempo su desamparo y su impotencia.
 
A las naturalezas fuertes - ¿o hay que decir más bien débiles? - no les gusta esta alusión y se fabrican entonces algún más allá del bien y del mal, cortando así el nudo gordiano en lugar de deshacerlo. Pero tarde o temprano la cuenta debe ser saldada. Hay que confesarse que existen problemas que de ningún modo se pueden resolver con los propios medios.
 
Hay que llegar a conocerse a sí mismo para saber quién es uno. pues lo que viene después de la muerte es algo que nadie espera, es una extensión ilimitada llena de inaudita indeterminación, y al parecer no es ni un arriba ni un abajo, ni un aquí ni un allí, ni mío ni tuyo, ni bueno ni malo. Es el mundo del agua, en el que todo lo viviente queda en suspenso; donde comienza el reino del “simpático”, el alma de todo lo viviente; donde yo soy inseparablemente esto y aquello; donde yo vivencio en mí al otro y el otro mi vivencia como yo.
 
Lo inconsciente colectivo es cualquier otra cosa antes que un sistema personal encapsulado; es objetividad amplia como el mundo y abierta al mundo. Soy el objeto de todos los sujetos, en una inversión total de mi conciencia habitual, en la que siempre soy un sujeto que tiene objetos. Allí estoy en tal medida incorporado a la más inmediata compenetración universal, que con toda facilidad olvido quién soy en realidad. “Perdido en sí mismo” es una buena expresión para caracterizar este estado. Pero este sí mismo es el mundo; o un mundo, si una conciencia pudiera verlo.
 
Por eso hay que saber quién es uno.El desamparo y la debilidad son la vivencia eterna y el eterno problema de la humanidad y para esa situación existe también una respuesta eterna: de lo contrario el hombre hubiera desaparecido hace ya mucho. Una vez que se ha hecho todo lo que se puede hacer, queda todavía lo que se podría hacer si uno tuviera conocimiento de ello. Pero ¿cuánto sabe el hombre de sí mismo? De acuerdo a lo que la experiencia nos muestra, es muy poco. Por eso queda todavía mucho espacio libre para lo inconsciente.Hoy llamamos a los dioses factores, lo que viene de facere = hacer. Los factores están detrás de los bastidores del teatro del mundo. Lo mismo en lo grande que en lo pequeño.
 
En la conciencia somos nuestros propios señores; aparentemente somos los “factores” mismos. Pero si cruzamos la puerta de entrada a la sombra descubrimos con terror que somos objetos de factores. El saber eso es decididamente desagradable; pues nada decepciona más que el descubrimiento de nuestra insuficiencia. Y también da motivo a un pánico primitivo, porque cuestiona peligrosamente la supremacía de la concienciaEl mayor peligro que nos amenaza proviene de la impredictibilidad de la reacción psíquica.
 
Por eso quienes poseen verdadera penetración han entendido ya hace mucho que las condiciones históricas exteriores de cualquier tipo constituyen sólo la ocasión para los peligros realmente amenazadores de la existencia, es decir para las ilusiones políticas, las que han de entenderse no como consecuencias necesarias de condiciones externas, sino como imposiciones de lo inconsciente. El alma es lo vivo en el hombre, lo vivo y causante de vida por sí mismo…
 
El alma, con astucia y juego engañosos, arrastra a la vida la inercia de la materia que no quiere vivir. Convence de cosas increíbles para que la vida sea vivida. Está llena de trampas para que el hombre caiga, toque la tierra, y allí se enrede y se quede, y de ese modo la vida sea vivida; igual como ya Eva en el Paraíso no puede dejar de convencer a Adán de la bondad de la manzana prohibida.
 
Si no fuera por la vivacidad y la irisación del alma, el hombre se hubiera detenido dominado por su mayor pasión, la inercia. Un cierto tipo de racionalidad es su abogado, y un cierto tipo de moralidad le da su bendición. Pero el tener alma es el atrevimiento de la vida, porque el alma es un demonio dispensador de vida, que juega su juego élfico por debajo y por arriba de la existencia humana, y por ello dentro del dogma es amenazado y propiciado con penas y bendiciones unilaterales, que van mucho más allá del mérito que puede alcanzar el hombre.
 
El cielo y el infierno son destinos del alma y no del hombre civilizado, que con su flaqueza y timidez no sabría qué hacer en una Jerusalén celestial... El anima es un arquetipo natural que subsume de modo satisfactorio todas las manifestaciones de lo inconsciente, del espíritu primitivo, de la historia de la religión y del lenguaje. Es un “factor” en el sentido propio de la palabra. No es posible crearla, sino que es el a priori de los estados de ánimo, reacciones, impulsos y de todo aquello que es espontáneo en la vida psíquica.
 
Es algo viviente por sí, que nos hace vivir; una vida detrás de la conciencia, que no puede ser totalmente integrada en ésta y de la cual, antes bien, procede la conciencia. Pues en última instancia la vida psíquica es en su mayor parte algo inconsciente y rodea a la conciencia por todos los costados.Con el arquetipo del anima (alma) entramos en el reino de los dioses, o sea en el campo que se ha reservado la metafísica. Todo lo que el anima toca se vuelve numinoso, es decir incondicionado, peligroso tabú, mágico.
 
Es la serpiente en el Paraíso del hombre inofensivo, lleno de buenos propósitos y buenas intenciones. Proporciona las razones convincentes contra la atención a lo inconsciente... la vida en sí no es algo solamente bueno sino también algo malo. Al querer el anima la vida, quiere lo bueno y lo malo. En el reino élfico de la vida no existen esas categorías. Tanto la vida corporal como la psíquica comenten la indiscreción de arreglarse mucho mejor y de estar más sanas sin la moral convencional. (…) Anima es vida más allá de todas las categorías, por eso puede prescindir también de la injuria y la alabanza.
 
Si la discusión con la sombra es la prueba que consagra oficial al aprendiz, el diálogo con el anima es la prueba que consagra maestro al oficial. Porque la relación con el anima es una prueba de coraje y una ordalía del fuego para las fuerzas morales y espirituales del hombreEs verdad que el anima es impulso vital, pero además tiene algo extrañamente significativo, algo así como un saber secreto o sabiduría oculta, en notable oposición con su naturaleza élfica irracional...
 
Este aspecto de sabiduría sólo se manifiesta a quien dialoga con el anima . Sólo ese pesado trabajo deja ver en medida creciente que por detrás del juego cruel con el destino humano hay algo así como una secreta intención que parece corresponder a un conocimiento superior de las leyes de la vida. Hasta lo que es al comienzo inesperado, lo caótico inquietante, oculta un sentido profundo. Y cuanto más se reconoce ese sentido, tanto más pierde el anima su carácter impulsivo y compulsivo.
 
Poco a poco se van levantando diques contra el caudal del caos; porque lo que tiene sentido se separa de lo sin sentido y al dejar de identificarse sentido y sin sentido la fuerza del caos se debilita y el sentido queda dotado con la fuerza del sentido y el sinsentido con la fuerza del sinsentido. Surge entonces un nuevo cosmos... de la plenitud de las experiencias vitales surge igual enseñanza que la el padre transmite al hijo. La sabiduría y el desatino no sólo aparecen en la naturaleza élfica como una y la misma cosa, sino que son una y la misma cosa mientras son representadas por el anima.
 
La vida es desatinada y significativa. Y si no se toma lo desatinado a risa y no se especula sobre lo significativo, entonces la vida es banal; entonces todo tiene una dimensión mínima. Entonces existe sólo un pequeño sentido y un pequeño sinsentido.Cuando todos los apoyos y muletas se han roto, y ya no hay detrás de uno seguridad alguna que ofrezca protección, sólo entonces se da la posibilidad de tener la vivencia de un arquetipo que hasta ese momento se había mantenido oculto en esa carencia de sentido cargada de significado que es propia del anima . Es el arquetipo del significado, así como el anima representa el arquetipo de la vida. (…) el arquetipo del espíritu, que simboliza el sentido preexistente, oculto en la vida caótica.
 
Es el padre del alma, y sin embargo el alma es, como por milagro, su madre-virgen; y por eso fue designado por los alquimistas como el “antiquísimo hijo de la madre” No me canso de repetir que ni la ley moral, ni la idea de Dios, ni religión alguna le han llegado al hombre jamás del exterior, como caídas del cielo; al contrario, el hombre desde su origen lleva todo esto en sí, y es por ello por lo que, extrayéndolo de sí mismo, lo recrea siempre de nuevo.
 
Es pues una idea perfectamente inútil el pensar que basta combatir el oscurantismo para disipar esos fantasmas. La idea de ley moral y la idea de Dios forman parte de la sustancia primera e inexpugnable del alma humana. Por eso toda psicología sincera... debe aceptar la discusión sobre ellas...; en psicología la noción de la divinidad es una magnitud inmutable con la que hay que contar, al igual que con las de “afectos”, “instintos”, el “concepto de Madre”, etc.
 
La confusión originaria de la imago y su objeto ahoga toda diferenciación entre “Dios” y la “imago de Dios”; tal es la razón por la que se me acusa de hacer teología y la causa por la que entienden “Dios” cada vez que yo hablo del “concepto de Dios”Pues quienquiera que tenga la presunción de pasar por un héroe, por esta misma presunción desafiará al dragón con el que tenga que combatir. Su sobreestimación personal amontona en su alma grandes peligros psíquicos.
 
El peligro de ser tragado por un dragón podría significar el peligro de ser tragado por el inconsciente. Pero a su vez, ¿qué quiere decir ser tragado por el inconsciente? ¿qué pasa entonces? El sujeto se vuelve loco, inconsciente y desorientado, y pierde contacto consigo mismo y con el mundo que lo rodea. Es, evidentemente, un peligro inmenso.
 
Pero el monstruo, junto a los peligros que encarna, podría estar también lleno de posibilidades de curación... una posibilidad de renacimiento; cuando un individuo es devorado por un dragón, ello no es sólo un acontecimiento negativo. Como dice la Cábala, el sueño es realmente un sueño; lleva en sí mismo su significación; el sueño es lo que es, entera y exclusivamente lo que es; no es una fachada, no es algo a propósito o preparado, una engañifa cualquiera, sino una construcción terminadaEn efecto, los sueños son productos del alma inconsciente, son espontáneos, sin predeterminación, sustraídos a la arbitrariedad de la conciencia. Son pura naturaleza y, por tanto, de una verdad natural y sin disfraz; ésta es la razón de que gocen de un privilegio sin igual para restituirnos una actitud conforme a la naturaleza fundamental del hombre, si nuestra consciencia se ha alejado de su base y se ha quedado atascada en algún atolladero o en alguna imposibilidad.
 
Meditar sobre los propios sueños es volver a uno mismo....
 
Se medita sobre el sí mismo y no sobre el yo , sobre ese sí mismo extraño que nos es esencial, que constituye nuestro pedestal y que, en el pasado, engendró el yo.Y en cada uno de nosotros duerme un extraño de rostro desconocido, que habla con nosotros por medio del sueño y nos hace saber cuán diferentes son la visión que tiene de nosotros y aquella en la que nos complacemos. Por eso, cuando nos debatimos en una situación con dificultades insolubles, es el otro, el extraño en nosotros quien puede, llegada la ocasión, abrirnos los ojos y difundir las únicas claridades capaces de transformar de arriba abajo nuestra actitud, esa actitud que nos ha llevado hasta la situación inextricable y que ha fallado.
 
Se puede demostrar que el inconsciente teje perpetuamente un vasto sueño que, imperturbable, sigue su camino por debajo de la conciencia, emergiendo a veces durante la noche en un sueño o causando durante la jornada singulares y pequeñas perturbaciones.El hombre lleva siempre consigo su historia toda y la historia de la humanidad. Ahora bien, el factor histórico representa una necesidad vital, a la que ha de responderse con una sabia economía. Ha de concederse su derecho de expresión y de convivencia a lo preexistente.